Cuando Leonardo Acosta fue a abrir su carpintería ubicada a un costado de su casa en calle Angualasto y San Lorenzo, Santa Lucía, se topó con algo extraño. La argolla de la puerta que sostiene el candado estaba cortada. Esa fue la primera sospecha de que algo andaba mal. Cuando abrió, se topó con el faltante de herramientas de mano, una soldadora, un taladro y una lijadora. Lo peor vino cuando vio a sus tres perros envenenados. De inmediato llamó a la policía y metió a sus hijos pequeños (tienen 7 y 2 años) a la casa. En ese momento tres cachorritos salieron y uno cayó fulminado. Los otros dos casi mueren. "Yo tengo hijos chicos y más allá del robo, esta gente puede causar un daño mucho peor a la salud de todos nosotros", dijo Acosta, indignado.
