Casi todos los hogares del mundo tienen un tacho para almacenar la basura. Imaginemos la cantidad de basura que producimos, si tomamos en cuenta cada casa, escuela, vecindario y comunidad en el país.El problema de la basura es un problema mundial. Implica la producción de miles de toneladas diarias que necesariamente ocuparán un espacio físico. El dilema es que la cantidad de basura crece y el espacio no. Una verdad evidente es que esas crecientes cantidades de basura dañan nuestro ambiente y algunos desechos son muy contaminantes. Es motivo de preocupación para la ONU y otro tanto de entidades los residuos electrónicos al igual que las pilas y baterías ya que son considerados altamente tóxicos o peligrosos. Los avances tecnológicos trajeron muchas soluciones en el mundo, pero no pensamos en aquellos aparatos que descartamos por viejos, obsoletos o rotos. Las pantallas LED y LCD, también dejaron atrás los antiguos monitores o PC, ni que hablar de los avances en la telefonía celular y en los nuevos softwares (programas). El problema que ocasionan los desechos de todos los aparatos y equipos electrónicos constituye la basura tecnológica. Estos son considerados peligrosos, provenientes de computadoras, teléfonos celulares, televisores y electrodomésticos en general, que han sido consumidos o descartados. La recuperación de los elementos valiosos que contiene justifica el reciclado de muchos de sus componentes. Su tratamiento inadecuado ocasiona graves consecuencias para el medio ambiente y para los que se dedican a ello en condiciones precarias.
Se trata de un tema de imprescindible solución porque en la Argentina se generan alrededor de 120.000 toneladas anuales de basura electrónica que, según estudios realizados, en su mayoría queda almacenada en hogares, oficinas y depósitos. El resto es arrojado en basurales, donde contamina las napas de agua, los suelos y el aire, al liberar ácidos o materiales tóxicos como, por ejemplo, mercurio, cromo y berilio. El hecho es que los materiales con los que se fabrican los dispositivos electrónicos resultan en un 90 por ciento reciclables. Sin embargo, en nuestro país se recicla menos del dos por ciento de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos que se generan, lo que constituye no sólo un problema ambiental por la contaminación consecuente, sino por el desperdicio de minerales y materiales valiosos que forman parte de los equipos descartados, como oro, hierro y bronce, entre otros.
En otros países
El proyecto establece el denominado principio de responsabilidad extendida del productor, que es un postulado internacional que promueve mejoras ambientales en el ciclo de vida de los productos, extendiendo la responsabilidad del productor especialmente a la recolección, reciclado y disposición final de los equipos.
En Europa, Japón y Colombia, entre otros países, se acepta este principio que significa que los productores tomarán a su cargo la gestión posconsumo de los aparatos eléctricos y electrónicos una vez que éstos se convierten en residuo, y formarán asociaciones de productores a fin de reducir costos y aumentar la eficiencia en la gestión.
Sabido es que la primera premisa para iniciar cualquier campaña de recolección de residuos debe ser, necesariamente, determinar cual será su destino final, es decir, qué disposición final se les dará a los residuos que se recolecten.
La basura electrónica es otro de los tantos temas ambientales que apremian a los argentinos y, sin duda, la masiva proliferación de equipos electrónicos ha tenido lugar sin que se desarrollen, al mismo ritmo, estrategias seguras de actuación sobre sus residuos. Por ello, es imprescindible alcanzar una regulación apropiada para evitar un impacto en el ambiente por contaminación o por una explotación innecesaria de recursos, pero esa regulación ha de ser dinámica y ha de evitar, y no provocar, la proliferación de los procesos burocráticos.
