Esta vez el celeste y blanco de la bandera le robó protagonismo al amarillo del PRO (el partido fundado por Mauricio Macri). Una multitud de gente compraba banderas argentinas para festejar en la porteña Plaza del Congreso al grito de ‘sí, se pudo‘ mientras acompañaban la jura del flamante presidente, que asumió ayer.
Antes de lo previsto por organizadores, Macri llegó al Congreso a las 11,30. En un día de calor sofocante, Macri vivió eufórico uno de los momentos más importantes de su vida, acompañado por Juliana Awada, su esposa. Dándole el gusto a la militancia, salió a saludar a sus simpatizantes alzando el brazo derecho.
Entre los seguidores macristas, merodeaba la figura de la mandataria saliente Cristina Fernández de Kirchner, ya que en varias oportunidades la invitaron a seguir la jura ‘por TV‘. Entre las postales de la militancia resaltó la presencia de María Luisa, que llegó al Congreso con un ‘mono‘ verde a lunares, unas gafas azules, una capelina y los labios rojos para darle un beso ‘al churro de Macri‘.
Esta vez el amarillo cedió espacio al celeste blanco que se apoderó de las calles y de la Plaza del Congreso, donde una bandera argentina cotizaba entre 50 y 100 pesos.
De mano en mano:
Entre la muchedumbre, lo que más sorprendió fue la gran asistencia de cordobeses que viajaron para estar el día de la jura de Macri. La impronta cordobesa se sintió en el fernet que pasó de mano en mano, pero también en la algarabía que se desató cada vez que los organizadores musicalizaron la espera con temas de ‘la Mona‘ Jiménez.
Esta vez, el ya tradicional ‘sí, se puede‘ le cedió protagonismo al ‘sí, se pudo‘: fue con ese cantito que le dieron la bienvenida al líder del PRO una vez que bajó de su auto y caminó por la explanada del Parlamento para concretar la jura frente a la Asamblea Legislativa.
Para trasladarse del Congreso a la Casa Rosada, Macri no utilizó un Cadillac de la Presidencia, contra lo que estaba previsto, y saludó a los seguidores con sonrisa amplia desde una Volkswagen Touareg blanca, con el techo abierto.
Macri rompió el protocolo al salir del Congreso y se bajó de la camioneta que lo trasladaba, en dos oportunidades, para tomar contacto con la multitud. La columna más ruidosa que siguió a los vehículos fue la de la Juventud Radical, que marchó al sonar de trompetas y bombos, y no se privó de arrojar fuegos artificiales.
En otro punto del recorrido, tres jóvenes que portaban banderas argentinas coincidieron en que estaban ‘felices‘ porque al país le esperaba una ‘etapa con paz‘, donde ‘no existirá la prepotencia‘.
Más relajados tras la ceremonia en el Congreso, Macri y Awada se asomaron abrazados y agarrados de la mano en el descapotable que los trasladó hasta la Rosada, donde el mandatario recibió los atributos de mando, el bastón y la banda presidencial.
El nuevo Presidente llegó poco después de las 13 a la explanada de la calle Rivadavia de la Casa Rosada. Un contrapunto verbal, aunque sin traducirse en incidentes, se registró en la Plaza de Mayo, a metros de la Rosada, entre militantes que acompañaban a las Madres de Plaza de Mayo y simpatizantes de Macri. Los militantes, que realizaban la habitual ronda alrededor de la Pirámide de Mayo, comenzaron a gritar ‘Madres de la Plaza, el pueblo las abraza‘, en tanto que los simpatizantes de Cambiemos respondieron con la consigna ‘sí se puede, sí se puede‘.
Rompiendo el protocolo, Macri se bajó del auto oficial para saludar mientras se secaba discretamente el sudor y la primera dama lanzaba besos a la multitud. Con la banda puesta, Macri se asomó al balcón de la Rosada, acompañado de la primera dama y con su hija Antonia en brazos. Eufórico, se atrevió a dar unos pasos de baile, mientras la vicepresidenta, Gabriela Michetti, también desde el balcón, comenzaba a cantar la canción ‘No me arrepiento de este amor‘, que popularizó la cantante de cumbia Gilda. DyN y Efe
