El chofer Edgardo Vidal y yo esperábamos en el interior de la movilidad del diario que el fotógrafo Hugo Elizondo tomara algunas fotos de una nota para la sección San Juan que realizaba el periodista Fabio Cabrera sobre los seguidores de San La Muerte, en el barrio Costa Canal II, costado Norte de Mendoza al Sur del cruce con Benavides, en Concepción, Capital. Faltaban minutos para las 21.30. El movimiento en la zona era normal. Edgardo estaba en su asiento diciéndole por teléfono a su esposa que una salida de ambos programada para anoche se iba a interrumpir, por otras notas pendientes. Yo estaba en un asiento de atrás, ansioso porque el fotógrafo volviera para llegar a la redacción a terminar mi trabajo. Y en eso vi a un sujeto a un costado mío, calculador. Intimamente sospeché lo lógico, un robo, porque estábamos en una zona conflictiva. Hasta que mis presentimientos se confirmaron con la aparición de otro sujeto que encaró al chofer. "Cuidado que te van a chorear", alcancé a decirle a Edgardo, pero entonces el delincuente entraba en acción. No fue un asalto aparatoso: cualquiera que viera de afuera, hubiera pensado que ambos delincuentes se habían acercado a preguntarnos algo. "Dame el celular que te pego un tiro", repetía el sujeto a Vidal, sin mostrar armas (aunque Edgardo me dijo que uno de ellos amagaba con sacar una de su cintura), con la mirada algo extraviada, convencido en el manotazo. Mientras el chofer intentaba en vano algún argumento para que no le robaran, yo seguía el movimiento de los ladrones y de paso recibía amenazas: "a vos también te voy a dar un tiro, dame el celular", amenazó el delincuente que atacaba a Vidal. Para entonces me había arriesgado: en pleno asalto marqué el 4214030, el teléfono de la Motorizada I, apostada a pocas cuadras de la escena del ataque.

Tan normal pareció todo, que nuestros compañeros y la gente en la gruta, apostada a unos 20 metros, ni supo lo que pasaba. Y así como llegaron los ladrones se fueron, caminando como si nada. Eso le dio tiempo a Edgardo: corrió y habló con un vecino que detuvo el paso y hasta golpeó a uno de los delincuentes (de 17 años, de Córdoba, según la policía) enseguida apresado por el primer policía que llegó al lugar. El otro ladrón aprovechó para meterse a una casa y escapar por otras colindantes (sería uno de los "Loquillo" Heredia, estimaron en la policía). Decir que la zona de Mendoza y Benavides es peligrosa es una cosa, vivirlo en carne propia es otra muy distinta.