Al ladrón no le importaron los dos perros de la familia Voena Verón. Tampoco que estuviera la dueña de casa. Empecinado, en segundos controló a los animales y encaró con un hierro la reja de la ventana, a pesar de que la mujer encendió la luz para dejarle en claro que había gente. Dobló uno de los hierros del enrejado pero desistió y enfiló hacia la reja de una puerta, donde consiguió un éxito parcial: forzó el metal y ya descargaba patadas contra la puerta de madera, cuando los innumerables llamado de Paola Verón (a la Policía, a su marido Agustín, a sus vecinos) interrumpieron el plan de ese sujeto delgado de costosa vestimenta. Paola contó que escuchó ruidos en la salida a la vivienda, donde pasó algo que ni ella ni su marido (ausente durante el ataque) podían explicar porque no lo vieron: el sujeto terminó baleado en su mano izquierda, con una bicicleta al lado y sin escape dentro de la casa, porque se lo impidieron los vecinos y el propio Agustín cuando llegó. Cuando la Policía lo esposó, se supo que tenía 15 años y que tal vez fue el mismo sujeto que dos semanas atrás se metió con intenciones de robar al mismo lugar, también con la dueña de casa adentro, y desistió por los dos perros.
Todo pasó alrededor de las 00.30 de ayer en la casa que los Voena Verón alquilan hace dos años, en la calle Thomas Edison, en el barrio Santa Rosa, Capital.
‘Algunos vecinos dicen que vieron a otros dos huir por el fondo y dicen que escucharon el tiro, pero yo no vi nada porque estaba aterrorizada con mi bebé adentro. Mi marido no estaba’, dijo Paola. ‘No lo puedo asegurar pero parece que alguien de la zona le dio un tiro y es lógico, porque a más de uno le han robado y están hartos’, dijo Agustín.
