Llegar a habitar en 2040 un mundo sin fumadores parece una utopía, pero es un objetivo factible de alcanzar, según estiman científicos de diferentes países en una investigación realizada por la universidad de Auckland, Nueva Zelanda. Todo depende de acordar ahora políticas conjuntas para evitar el avance del flagelo del tabaco, causante de múltiples enfermedades terminales. Para tener una referencia del problema, basta recordar que en los últimos diez años murieron 50 millones de personas en todo el mundo como consecuencia de la adicción al tabaco.
Según el científico neocelandés Robert Beaglehole, que dirigió la investigación, el proyecto de un mundo libre de tabaco en 2040, en el que menos de un 5% de los adultos consuma tabaco, es deseable desde el punto de vista social, técnicamente es posible y políticamente viable. El problema actual pasa por los embates de las poderosas tabacaleras, ya que ante el descenso de la demanda de cigarrillos y tabaco en los países desarrollados, las grandes productoras se centran más en países con ingresos medios o pequeños con una publicidad dirigida a mujeres y jóvenes, por lo que es necesario frenar la influencia de las multinacionales sobre las decisiones políticas.
Por otra parte, como ha recomendado la Organización Mundial de la Salud (OMS), en esta coyuntura juega un papel decisivo el impuesto al tabaco. Los estudios demuestran que un impuesto alto al tabaco es el camino más efectivo para reducir el número de fumadores. Paralelamente se requiere tomar medidas decisivas contra la adicción debido a que el 85% de la población mundial no tiene acceso a programas de ayuda para dejar de fumar.
