"Tembló y al minuto el mar entró en nuestra casa, nos llegó hasta el cuello. Abracé a mi hija y le dije: resiste", contó Eloísa Fuenzalida, una habitante del poblado de Iloca, a unos 200 Km de Concepción, epicentro del sismo.
"Como pudimos, arrancamos por el fango hacia las montañas. No se sabe cuántos murieron", agregó la mujer con los ojos en llanto.
Un hombre llamado Luis Bravo señaló frente a una casa en escombros que debieron salir a pie de la zona, pues todos los caminos estaban inutilizados.
"El mar se llevó los autos, las casas, todo, todo", contó un oyente a una radio en Curicó, ciudad ubicada a 120 Km de Iloca, donde el agua devoró también un circo.
El terremoto de 8,8 grados de magnitud en la escala de Richter, uno de los más fuertes de la historia, también desoló la sureña Curicó.
"Estos escombros eran una iglesia, se llamaba El Buen Pastor. Teníamos misa hoy", narró Nelly Acevedo, momentos antes que otra réplica sacudiera la tierra en esa ciudad.
Curicó, una tierra turística y vitivinícola, está con gran parte de su casco histórico por el suelo. Las radios transmiten con sus murallas a punto de caer. "Es nuestro deber", repiten los locutores.
Las casas de adobe curicanas cayeron sobre las calles y los niños, cubiertos de polvo, miran hacia todas partes sentados en las cunetas, abrazados a sus peluches.
Una monja de blanco impecable recorre las calles y toma fotos con su celular. La gente la mira.
Ante la emergencia, las autoridades decidieron decretar toque de queda para evitar los saqueos en amplias zonas.
La situación más crítica afecta la ciudad de Chillán, donde 269 reos escaparon de la cárcel tras el sismo. De ellos, 28 fueron recapturados y tres abatidos en una espectacular fuga que derivó en la quema de cinco casas.
El sábado la presidenta Michelle Bachelet dispuso el envió de militares para reforzar la seguridad de la zona e intentar dar cacería a los fugados que pueden complicar la ya caótica situación que se vive allí.
La falta de agua, los problemas de comunicación y el aislamiento de las zonas costeras hacen temer que la magnitud de la tragedia escale sucesivamente.
"Es una tragedia de proporciones", dijo el ministro de Defensa, Francisco Vidal.
Pero la situación en los poblados costeros augura un desastre mayor. Las radios locales repiten llamadas de personas buscando familiares y decenas de oyentes confirman la entrada de olas gigantes en varias localidades.
