Por su forma de narrar, por los recursos usados con ingenio, por su originalidad, por su provocación, por los tres años consecutivos en cartel -todos los fines de semana, gracias a la concurrencia- y por esa magia que rara vez puede explicarse, Feroz se convirtió en una pieza clave del teatro local. Y a una década del estreno, esta apuesta que ganó la Teatrina y el Regional de Teatro, que fue laureada en el encuentro Nacional, que giró por el interior, que viajó a Brasil, Colombia y Corea del Sur donde también cosechó respeto y aplausos; y que se está haciendo en Ecuador; vuelve a la escena local en un maratón que arrancará hoy. Detrás, o adentro, o fundido con ese curioso ser de mejillas rojas y múltiples personajes está Ariel Sampaolesi, que aunque con una vasta trayectoria sobre las tablas y debajo de ellas, vuelve a inquietarse de cara a la rentrée. No es para menos, considerando el vuelo que alcanzó esta criatura concebida en una suerte de laboratorio, durante "un trabajo de investigación basado en improvisaciones a partir de textos, situaciones, objetos y espacios’. Vuelo que por entonces, más allá de las lógicas aspiraciones, no se esperaban.
"Uno siempre que estrena quiere que al público le guste, sí, pero ni por las tapas se nos ocurrió semejante repercusión… Me parece que se generó en un momento creativo mío muy interesante, cuando tenía mucho tiempo para investigar y crear. Y coincidí con Andrea Hernández (ahora en Barcelona), que también fue fundamental en ese proceso de creación. Y luego sucedió eso con la gente, que le gustó y eso nos potenció… Son esas cosas raras… impredecibles… Quizás el tema de no habernos referenciado con nadie, de no habernos alineado en alguna escuela o estética, de no haber mirado otras cosas para hacerla, hizo que surgiera un producto con un lenguaje más genuino… qué se yo… hay cosas, debe haber cosas, pero prefiero seguir pensando que es un espectáculo mágico, angelado’, analiza su éxito Sampaolesi. Es él quien le pone cuerpo y alma a esta pieza que "cuenta la historia Alfonso Mondelli, un comerciante de ramos generales del pueblo Las Perdices, que un buen día de 1930 revienta en el depósito de su almacén. Su hermana, la despiadada vieja Pepa, ha encontrado el desparramo, culpando del hecho a su cuñada. Pero la fenomenal María Palombi, hace ya 5 años que decidió huir de los azotes del terrible Don Alfonso’. Todos los personajes, reunidos en el actor, relatan el hecho desde sus propias miradas, lo que implica otro fuerte desafío para el intérprete.
Con la mano en el corazón, el artista reconoce que -cuando decidió reponer la obra- el primer impulso fue cambiarle cosas. Es que, dice, "no se parece a lo que estoy haciendo actualmente, por una cuestión lógica de evolución de intereses, porque hay cosas que se modifican y porque 10 años en el cuerpo no pasan desapercibidos’, marca con humor. Pero… "Cuando retomé los ensayos y volví a sentirla, dije No, tiene que ir tal cual es", comentó a DIARIO DE CUYO el artista, que una vez más, como en cada debut, se enfrenta a una pregunta existencial: "¿Para qué carajo me metí en esto, si podría estar en mi casa re tranquilo", suelta en una carcajada. "Sí, estoy muy ansioso de ver lo que va a pasar en ese momento… pero también me veo fuerte, con la entrega que yo tengo en el teatro, me veo haciendo lo que me gusta, me veo feroz. Sí, Ariel Sampaolesi está feroz."
