Bastó que uno de los habitantes de la Villa General Mosconi les contara la rutina en ese lugar, para que un grupo de jóvenes -entre 25 y 30 años- decidiera hacer algo por ellos. No tienen límites en sus ansias por ayudar pero saben que necesariamente precisan de colaboración externa para poder salvar los inconvenientes de las 250 familias que se instalaron allí hace más de 8 años sin tener otro lugar donde vivir. Es que las carencias son muchas: no tienen agua potable, sólo hay tres surtidores de los que pueden nutrirse, cuando no hay falta de presión o no se corta la provisión. Aparte les sobran los insectos y el mal olor porque, como si fuera poco, tienen colindante un baldío -en realidad es una ripiera abandonada- donde una empresa de transporte, entre otros particulares, descargan los desperdicios. El problema más grave es que muchos de los niños del asentamiento recurren allí por la única comida del día.
Con Alfonsina Campanello a la cabeza del grupo "1º de septiembre" -el nombre hace alusión a la fecha en que fueron por primera vez a este asentamiento ubicado sobre calle 6 casi Ruta 40 en Pocito, hace apenas poco más de un mes- quieren rescatarlos. No se trata del remake de la tarea de la cápsula Fénix que supo adentrarse en la tierra para salvar a los mineros chilenos, ni de otros rescates por el estilo. Sencillamente quieren que tengan una mejor calidad de vida y no se sientan "como de otro mundo", tal como ellos mismos describen.
"Les propusimos empezar por el tema del agua. Ya habíamos conseguido una donación de cañería y surtidores para poner en todas las esquinas pero como es gente que está ilusionada con una casa no quisieron que el trabajo sean en vano. Además si el agua que hay no alcanza con los tres surtidores menos va a funcionar poniendo más. Acá hay que hacer otro tipo de trabajo. Nosotros soñamos con que sepan que se puede vivir un poco mejor", dice Alfonsina esperanzada en que algún día llegue la solución.
En lugar de hacer foco buscando alternativas al agua, optaron por apuntalar otras necesidades. Así fue como con ayuda de una médica y una psicóloga, empezaron a trabajar para fortalecer espacios comunes. "Tienen una unión vecinal que funciona muy bien porque su titular, la señora Rita, y muchas de las mujeres quieren salir adelante. Ya pusimos manos a la obra y vamos a mejorar en lo que se pueda este lugar precario, gracias a donaciones. Nosotras estamos armando unos talleres para chicos para hacer allí recreación y estimulación a través de la pintura, el dibujo y la creatividad. También vamos a comenzar a trabajar con las mamás sobre algunos temas de salud. A la par, nos estamos organizando para armar un merendero en base a la comida que reciben del Estado, ya que no es suficiente para todas las familias y a su vez hay hambre. Entre todos llegamos a la conclusión que iba a ser mejor utilizada si se hacían comidas comunes a las que todos tenga acceso. A eso queremos sumarle donaciones de alimentos de parte de familias sanjuaninas para poder multiplicar las porciones. Pensamos que esta es una oportunidad para aprender, para jugar, para compartir pero también para alejar a los niños de la costumbre de ir a buscar la comida que tiran en la ripiera", cuenta Alfonsina, que de este modo abre el pedido solidario a la comunidad tanto de alimentos como de útiles y elementos escolares para los talleres que son las armas fundamentales con que comenzar el desafío del rescate humano.
