Hay crisis. 5 fechas sin ganar, con 4 derrotas consecutivas y un empate de local en tiempo de descuento no son obra de la casualidad. Hay causalidad. Hay razones, motivos y también interrogantes como para saber cuál es el verdadero San Martín. Si es aquel que contra los grandes como Boca, el mismo San Martín y hasta San Lorenzo se lució. Mostró su ADN como equipo tratando bien la pelota, seguro en todos sus movimientos tanto en ataque como en defensa, equilibrado en el medio. Lo llevó como bandera en gran parte de este Torneo de Primera División y eso le aseguró la permanencia. Con justicia y con méritos más que sobrados. Pero de aquella sólida y convencida versión, es poco lo que hoy muestra. Lo que más preocupó contra Belgrano fue la falta de seguridad en el manejo de la pelota, en adolecer de esa salida clara, al piso, con profundidad y un cambio de ritmo que siempre resolvía cosas. Contra Belgrano se fue haciendo previsible desde el primer minuto. Sin encontrar el desequilibrio por los costados, sin que pesara el cambio de paso del Negro Gómez que antes lastimaba y que el reencuentro de la dupla titular Figueroa-Bueno no haya podido sintonizar jamas lo que alguna vez produjeron.
Es crisis. Le guste a quien le guste. No hay creación, no hay confianza para tener la pelota, para manejar los tiempos si hasta el mismo Sebastián Navarro que era el marcapasos verdinegro en el primer paso, se equivocó mucho y seguido para males de San Martín que debió rehacer la maniobra y perder esa sorpresa que lo hizo ganar partidos. En defensa, la dupla de centrales se bancó lo que pudo cuando el poderío aéreo de Belgrano lo bombardeó. Tal vez fue el punto más sólido pero un error del siempre eficaz Ardente terminó castigando la mala noche de San Martín. Quedan dos partidos y las chances de ingreso a la Liguilla Presudamericana están intactas pero antes, San Martín tendrá que resolver cuál es el verdadero San Martín. Aquel que aseguró la permanencia o este.
