Sudáfrica quedó lejos pero no es inalcanzable. Esa es la lectura que debe quedar escrita después de la tremenda dosis de realidad que la victoria de Brasil dejó para Argentina. Es que el equipo de Maradona puso lo que tenía -todo- pero no le alcanzó. Jugar a la perfección era la bandera y Argentina cometió errores. Arriba, fue repetido. En el medio, previsible y atrás, dio ventajas. Con ese combo, Brasil le dejó clarito que está tres escalones arriba y que la realidad es esa. Duela por donde duela. Ahora, reencauzar el libreto para buscar Sudáfrica es la obligación.
1 Argentina perdido
Maradona puso su dibujo ideal pero no tuvo resultados. El espejismo de ver a Verón conductor enchufado -simil al de Estudiantes- duró apenas 40 segundos, los primeros del partido. Después, Argentina entró en zona gris. Atacando, fue y fue por el mismo lugar. Hasta que le tocó defender y ahí, mostró otra falencia: desconcentraciones. Lo pagó con los dos primeros goles de Brasil. Así, terminó el primer tiempo. Aturdido, golpeado. Entregado.
En el complemento, Diego movió. Sacó a Maxi Rodríguez y mandó al Kun Agüero. Verón, por la derecha, encontró socios con Messi y Tevez. Argentina tuvo actitud y premio cuando Dátolo acortó distancias pero la categoría de Brasil -en otra muestra de realidad- sacó otra luz de ventajas cuando Kaká y Luis Fabiano terminaron la historia. Ahí, se terminó de entregar Argentina. No hubo aire, no quedó convicción. Brasil, sin tirar manteca al techo, ya había dicho lo suyo. Argentina, con todo lo que tiene hoy por hoy, aprendió una dura lección: Brasil siempre será Brasil.
2 Brasil práctico
Once contra once y mano a mano, ganarle a Brasil pasará siempre por jugar rozando la perfección. Atrás, al medio y adelante. Argentina se equivocó cuando y donde no tenía que equivocarse y le sirvió la ventaja del primer tiempo a un Brasil que, sin complicaciones, se fue animando de a poco hasta terminar tranquilo el primer parcial. Argentina, primero, no supo cómo entrarle en el ataque. Demasiado dependiente de Messi y esperando los encuentros con Verón, se repitió sistemáticamente. Y lo peor, atrás se equivocó en dos pelotas detenidas y las pagó con gol. En el primero, el de Luizao, alguien perdió la marca y lo demás, fue condena. Luego, en el Luis Fabiano, hubieron dos rebotes y nadie reaccionó. Se sabía, para ganarle a este Brasil, Argentina debía rozar la perfección pero se equivocó. No generó todo lo que prometía para inquietar a Brasil y en defensa, dio facilidades que sonaron a suicidio. Claro, Brasil fue Brasil en cuentagotas pero esas pequeñas muestras le dieron justicia a una victoria inobjetable.
