La polémica inmediatez que rodea al decreto que amplía la promoción industrial en las provincias postergadas, eclipsa la mirada de una clase dirigente que en vez de mirar el horizonte observa lo que pasa a su alrededor. La Argentina cortoplacista sigue sin avanzar hacia las metas competitivas que exige la economía globalizada y con particular énfasis en programas agroindustriales para ofertar a un mundo con déficit alimentario.
En ese sentido nuestro país se destaca por el enorme impulso dado por la actividad privada a la producción, en las últimas décadas, al lograr la ampliación del área cultivable, los mayores rendimientos por hectárea y por consiguiente un aumento sustancial de la producción total con mayor obtención de calorías por hectárea, según las estadísticas oficiales.
El director del programa de Agronegocios y Alimentos de la Facultad de Agronomía de la UBA, Fernando Vilella, viene explicando en diferentes ámbitos de competencia, el denominado Plan Estratégico Agro-industrial 2020, destinado a incrementar la productividad en forma sostenible, lo cual implica un proyecto para una década de evolución con la aplicación de herramientas biotecnológicas, junto al eficaz método de siembra directa e información satelital.
Pero también es de vital importancia sentar las bases para mirar mucho más allá, trazando un modelo de desarrollo argentino hasta 2050, donde la planificación convoque a todos los sectores -público y privado de la ciencia y la tecnología- para establecer prioridades que deben surgir de la mano del conocimiento. Por ello la trascendencia de dictar normas que tiendan a equiparar a las provincias pobres con las ricas, favorecidas por los bienes naturales o soluciones circunstanciales, para lo cual la inversión en educación será fundamental. Actualmente en las provincias marginales se invierte sólo un a tercera parte de los recursos que vuelcan las provincias ricas a la enseñanza, lo que funciona como otro elemento de consolidación de la pobreza y la desigualdad.
La clave de un programa estratégico está en olvidarse de las pequeñeces localistas y aunar esfuerzos en torno a los recursos humanos que trabajan en zonas donde sólo el 3% de la superficie es cultivable, como es San Juan, o en condiciones desfavorables como es la minería.
