La entrada a la universidad marca un cambio en la vida de quienes tienen el privilegio de alcanzarla. Ya no habrá un inspector, nadie los obligará a asistir a clases, no deberán sacrificar el look personal a costa de un uniforme, en cierto sentido habrá mayor libertad. Sin embargo se plantea un desafío mayor. Poco a poco se comienza a tomar conciencia de que el estatus individual de cada uno deja de ser el de adolescente; ahora el entorno familiar y académico marca el hecho de que cada quien es adulto y debe enfrentarse a responsabilidades, comenzar a tomar las riendas de la propia vida, asumir decisiones y responsabilidades en relación a la construcción del propio futuro.

Las exigencias son mayores, poco importará el tener controles, exámenes y trabajos para el mismo día. Habrá que cumplir, lo que obliga a reorganizar los horarios y modos de estudio. Si bien no hay receta general, y con el tiempo cada quien encuentra un estilo propio, al comienzo es recomendable averiguar y aprender de compañeros mayores y de la propia experiencia, cómo es mejor manejarse con cada asignatura; habrá aquellas que requieran mayor preparación, anticipación, grupos de estudios, etc. Ahora bien, con una adecuada planificación todo se aprende y más aún cuando el objetivo de vida está claro. Sólo es necesario aprender en qué momento postergar y priorizar.

Los éxitos y las frustraciones son algo inevitable en la vida; el primer año de universidad no es la excepción. Comenzar a concretizar la vocación se transforma en la principal motivación y el gran objetivo a cumplir, de modo que manteniendo esa perspectiva, cada logro debe ser visto como un paso más hacia la meta. El régimen académico, por otro lado, suele ser estricto, cargado y agotador, por lo que en el proceso de acostumbramiento es posible encontrar obstáculos. Muchos de los nuevos alumnos vienen de buenos resultados académicos en su período escolar y resulta ser complejo aceptar que en la universidad hay caídas académicas. Cada una debe ser vista como una posibilidad de aprender de la experiencia, y cada nuevo aprendizaje, como un avance hacia la meta.

Es una etapa donde el individuo se enfrenta a un mundo nuevo, al que nunca hemos tenido contacto. No conocer a nadie, moverse de casa, nuestra zona de confort para acabar en un lugar donde todo causa intriga y desconocimiento. Pero aún así será el lugar donde seremos únicos, nos descubriremos y seremos aquello que seleccionamos para nuestra vida. En realidad no hay que tener miedo a nada.

Consejos para no fracasar

1. Define qué es lo que te motiva a estudiar

Los estudiantes que obtienen buenas calificaciones son aquellos que han definido las razones que lo incentivan a estudiar. Cuanto más valiosas sean las tuyas, más motivado estarás.

2. Ejercita tu voluntad

Una vez que definas qué es lo que actúa como motor en ti para animarte a avanzar en tu carrera, debes ejercitar tu voluntad.

3. Determina tu método de estudio

No hay un método de estudio eficaz para todo el mundo. Lo ideal es que puedas determinar de qué manera puedes concentrarte y rendir más.

4. Encuentra tu lugar de estudio

Es aconsejable que para concentrarte en las tareas definas un lugar de estudio tranquilo y que prescindas de la televisión y otros aparatos tecnológicos que puedan distraerte.

También será bueno que te definas horarios para estudiar y que dejes las tareas más difíciles para hacer el fin de semana.

5. Saca apuntes

No pierdas el tiempo en clase y mientras el docente dicta su curso, aprovecha para sacar apuntes. Piensa que los mismos deberán serte útiles y deberán ser comprensibles también dentro de unos meses, cuando no tengas los conocimientos tan frescos. Y no es necesario que luego los pases en limpio, perderás mucho tiempo si lo haces.

6. Comprensión

Cada persona tiene su manera de memorizar. Algunas lo hacen repitiendo las lecciones en voz alta y otras leyendo los apuntes numerosas veces. Lo importante en todos los casos es que puedas comprender lo que estás leyendo o diciendo. Si no sabes explicarlo es porque no lo has entendido.

7. Exámenes

No esperes a último momento para prepararlos, lo ideal es que lo vayas haciendo tu propia rutina de estudio durante el curso. Además, es aconsejable que duermas bien la noche anterior y que no comentes sobre lo que has estudiado con tu compañero previo a la prueba. Con eso solo te pondrás más nervioso y sentirás que no sabes nada.

A su vez, cuando te entreguen la hoja procura leer con detenimiento las interrogantes, empezar por contestar las más sencillas y corroborar que no tengas errores ortográficos o de unidades antes de entregar tu examen.

8. Para resolver problemas matemáticos

En estos casos lo mejor que puedes hacer es definir la fórmula adecuada para su solución y sustituir las variables. Una de las condiciones imprescindibles para ser un buen estudiante es el estar actualizado. Para ello procura estar al tanto y tener acceso, en la medida de lo posible, de los avances tecnológicos.

Si no obtienes los mejores resultados, sigue adelante. No bajes los brazos e intenta corregir aquellas cosas en las que hayas fallado.