La firma Freixenet cumple en 2014 sus primeros 100 años de tradición junto a la vitivinicultura Mundial. La compañía, que nació y sigue como una empresa familiar -o al menos eso dicen en la visitas guiadas a las bodegas- es la más grande del planeta: envasan 55 a 60 millones de botellas de "Cava" al año. La firma tiene su planta industrial en el corazón de la región del Penedés, en la localidad de Sant Sadurní d\’Anoia (Catalunia, España) y es un lujo desde que se ingresa hasta que se sale. Conserva las antiguas cavas donde almacenaban el espumoso a 16 metros de profundidad, con piedra y ladrillos, escasa iluminación y la vigilancia de profesionales. Son descubridores de un método de almacenamiento y tratamiento del que están orgullosos: normalmente las plantas de procesamiento van moviendo las botellas lentamente para ir acumulando los excesos de sedimentos en el pico de las botellas. Luego congelan el pico de la botella cerrada y, en un nuevo proceso, le quitan el corcho y la tapa, extraen ese líquido con residuos acumulados en el hielo y reemplazan ese líquido con preparados que luego se convertirán en las distintas variedades que ofrecerán al público. Ese proceso dura semanas. En Freixenet lo hacen en algunas horas, ¿Cómo? en lugar de esperar que el movimiento de las botellas deje el sedimento cerca del pico, prefieren eliminar la generación de sedimentos produciendo y mejorando las levaduras con las que preparan el producto. Tienen profesionales trabajando en laboratorios tan gigantes como la embotelladora que escupe la friolera de hasta 1 millón y medio de botellas por mes. La propiedad con la planta industrial ocupa unas doce hectáreas aproximadamente. Y es un lujo a los ojos, tanto que han aprovechado hasta las viejas maquinarias que usaban las familias Ferrét y Alan que en algún punto de la historia se unieron por un matrimonio y allí, luego en las generaciones, crearon Freixenet que, después de un siglo, se convirtió en el champagne más vendido del mundo entero. Tanto aprovechan todo lo que tienen a mano que las visitas guiadas a la propiedad cuestan entre 4,20 hasta 7 euros. Y, según los encargados del lugar, reciben hasta 90 mil personas al año. Como esa firma, pero en menor escala, casi todos los establecimientos industriales tienen historias similares y, con matices, también aprovechan lo que tienen.