No saben cómo empezó. Silvia junto a Sebastián y sus cuatro hijos estaban en una finca vecina haciendo una changa. Habían visto el humo negro a lo lejos, pero no le dieron importancia por un rato hasta que su hermano llegó desesperado en bicicleta y descalzo, gritando: "andá rápido, que se está quemando tu casa". El miedo que sintieron en ese instante se transformó luego en angustia al ver que el fuego destruía lo poco que quedaba de su rancho. La pobre pareja de changarines no pudo salvar nada, ni los últimos 20 pesos que guardaban para comer. Hasta Rodrigo -el más grande de los niños- lloró cuando encontró su bicicleta, con la que iba todos los días a la escuela, quemada.

Los bomberos nunca aparecieron. Y los baldazos de agua y la tierra que arrojaban con lo que tenían a mano, no alcanzaron para apagar el incendio de ayer a las 16 en esa finca de calle Blanco, a 200 metros al Norte de Rodríguez, en El Mogote, Chimbas. Silvia Carrizo (24) y Sebastián Urbano (27) perdieron todo lo que tenían dentro de ese rancho de caña y adobe -de un solo ambiente- que les prestaba la mamá de la chica desde hace 5 meses.

"No sé qué pasó. Había un solo foco y unos enchufes en la pieza, pero apagamos todo cuando nos fuimos. Y tenemos cocina, pero no había gas. A lo mejor alguien entró, porque me dicen que vieron a dos muchachos caminado por la calle en ese momento que empezó el fuego", relató la chica, que es mamá de cuatro niños, de entre 2 y 8 años.

Silvia y Sebastián son desocupados y hacen changas. Ayer a las 15, ambos fueron a atar parrales a una finca vecina y se llevaron a sus hijos para no dejarlos solos. La joven relató que "pasó como una hora y vimos el humo negro. Pensábamos que estaban quemando pasto, pero después vimos a mi hermano Angel que venía en bicicleta, descalzo y con la cara de asustado. Él nos avisó del incendio en mi casa. Mi marido agarró la bicicleta y se fue como pudo, pero ya era tarde". En la casa contigua vive Nilda Elizondo, la madre de Silvia y casera de la finca, pero estaba con sus hijos en una pieza y se dio cuenta tarde del incendio. Los jóvenes aseguraron que sus parientes llamaron a los bomberos, pero nunca llegaron.

El fuego arrasó con el rancho, destruyendo las dos camas, las sillas, la mesa, el tv, un DVD y el ropero con toda la ropa de la familia, los documentos y también los últimos 20 pesos que guardaban. Rodrigo, el mayor de los niños, perdió lo más valioso que tenía: su bicicleta.

Anoche, la joven pareja planeaba pasar la noche amontonada con sus hijos en la casa de la mamá de Silvia. Ni siquiera contaban con abrigos. Por lo pronto, su cuñada les consiguió dos colchones, pero no les quedaba otra que esperar la ayuda del municipio o de Acción Social.