En total son ocho, todos familia que viajaron el domingo hasta la ciudad chilena de La Serena porque tienen una cabaña para alquilar. Era cuestión de no más de tres días y regresaban a la Argentina. Pero nunca imaginaron vivir una odisea. Es que lo intempestivo de la naturaleza les cambió los planes. Un terremoto de 8.4 grados en la escala de Richter sacudió el suelo chileno.

"Llegamos el domingo con mi familia para rentar una cabaña que tenemos aquí en La Serena (en la Región de Coquimbo). Pero vivimos algo terrible. Gracias a Dios estaba toda la familia junta en un departamento que alquilamos cuando sentimos el sacudón", relató Silvana Correa (36) a DIARIO DE CUYO.

Es que apenas comenzó el movimiento telúrico en la tarde del miércoles, estaban en un octavo piso de un edificio ubicado a 30 metros de la playa de La Serena. "Estábamos en un edificio frente al mar cuando sentimos el movimiento. Pensamos que ya pasaba pero lo sentíamos cada vez más fuerte", dijo Mauricio Navarro (42), cuñado de Silvana.

"La gente empezó a gritar que se venía el agua. Nosotros no sabíamos qué hacer. No podíamos comunicarnos con la familia de San Juan. Nos fuimos al centro y estuvimos en la policía y en el hospital. Fue bastantante terrorífico porque no veíamos marcadas las zonas de evacuación. No había luz ni había agua. En medio del caos, un policía nos mandó a un estadio y estaba cerrado. Ahí una persona nos envió a un lugar de evacuados, pero cuando llegamos no había nadie. Al final terminamos durmiendo en la camioneta en medio de un descampado", describió Silvana las horas difíciles que pasaron en Chile.

Después del extenso movimiento telúrico, la noche fue testigo de varias réplicas que mantuvo en vilo a muchos. La familia sanjuanina pasó la noche en la localidad de Peñuelas, también una localidad de Coquimbo, pero en terreno elevado y retirado del mar. La joven sanjuanina explicó que de estar a una cuadra del faro de la costa de La Serena terminaron pasando la noche en un descampado en Peñuelas.

Ayer, al regresar a La Serena los sanjuaninos se percataron que el agua llegó a unos 100 metros de la cabaña y en el departamento no había luz ni agua; el ascensor no funcionaba y vimos fisuras en las paredes", describió Navarro.