La cabalgata en honor a la Difunta Teresa comenzó a realizarse hace 14 años hasta el paraje en Angaco donde yacen sus restos. Pero recién en el 2004 se hizo por primera vez con una imagen suya. Fue cuando los gauchos organizadores de la travesía consiguieron la única foto que existe de esta mujer que murió embarazada a principios del siglo XX y a la que se le atribuyen milagros. La hicieron restaurar para conservar la imagen. Mañana arrancará una nueva cabalgata en su nombre.
Para los integrantes de la Agrupación Gaucha Difunta Teresa conseguir una imagen de la mujer era una tarea pendiente. Por mucho tiempo buscaron sin tener suerte. Ni en el municipio o la parroquia, ni los vecinos más antiguos del departamento pudieron ayudarlos con este objetivo. Nadie conocía su rostro. Fue entonces que le pidieron a la difuntita que los ayudara. Y lo lograron. ‘Hace unos 10 años, apareció un pariente lejano de Estanislao Vargas, esposo de Teresa. Nos trajo la única foto que tenía de ella. Fue un milagro’, dijo Mauricio Herrera, secretario de la Agrupación Gaucha Difunta Teresa, de Angaco.
El descendiente de Vargas no les donó la foto a los gauchos, ya que era la única imagen que poseía de Teresa. Pero se las prestó para que pudieran hacerle una copia.
La foto estaba manchada y con restos de suciedad por el paso del tiempo, pero se pudo rescatar. Herrera contó que la llevaron a una casa de fotografías donde la pudieron restaurar y hacer dos copias de la misma. Una, en tamaño pequeño, y la otra de casi un metro de altura. La primera se enmarcó y colocó en el oratorio donde está la tumba de la difunta. La segunda, permanece guardada para protegerla de los daños y sólo se exhibe durante la cabalgata.
Una muerte trágica
Teresa Merlo vivía junto a su esposo, Estanislao Vargas, en un rancho en la zona conocida como Agua del Conejo, en Angaco, cerca del límite con Jáchal y Valle Fértil. Él era hachero y ella se encargaba de atender a los animales, de hacer las tareas domésticas y de tener comida y agua caliente para los carreros que transitaban por el lugar, pese a su avanzado embarazo.
Cuentan que el 8 de septiembre de 1908, la mujer salió a llevarle comida a su marido y que cuando cruzaba una barranca se cayó y se golpeó en el vientre. El hombre la encontró tirada en el suelo y la cargó en su carro para llevarla a Angaco. Como estaba tan mal, Teresa le pidió que la bajara porque sentía que se moría. Él insistió en llevarla al médico, pero las ruedas del carro se enterraron y no pudo moverlo.
Antes de morir, Teresa le pidió que la enterrara en ese lugar, y el cumplió con su voluntad. Desde entonces, la gente concurre al lugar para pedir su bendición.
