Cinco minutos fueron suficientes para que la Plaza 25 de Mayo y sus alrededores quedaran teñidos de celeste y blanco. Las banderitas colgadas en los manubrios de las bicicletas o flameando en las ventanillas de los autos. Los colectiveros que tocaron las bocinas hasta ensordecer. Y los niños que lloraban junto a sus padres de alegría fueron algunas de las postales que se vieron ayer en los festejos sanjuaninos por el pase a Cuartos de final de la Selección argentina.
Una vez que árbitro sueco pitó el final los hinchas sanjuaninos coparon las calles del microcentro y se concentraron en la plaza. Entre abrazos, lágrimas y voces que casi no se escuchaban de tanto gritar el gol, la gente entró por todos los flancos.
Los que estaban en el Teatro Municipal corrieron hacia la fuente. Como hormigas y con el ‘Brasil decime qué se siente’ como himno, otros hinchas llegaron corriendo desde los cafés del microcentro y desde el salón de UPCN. Mientras que más sanjuaninos dijeron presente en bicicletas, motos, autos o camionetas. De esta forma la fiesta quedó armada y el aliento sanjuanino se volvió casi incansable. Es más hasta dieron dos vueltas olímpicas a la plaza caminando, saltando y cantando por la Selección.
Bengalas de humo celestes y blancas le pusieron más color a la tarde en la que no hubo una cara sin sonrisa. Y al igual que en todos los festejos anteriores no faltaron las banderas, los gorritos y las pelucas. Tampoco las cornetas, las bombas de estruendo y el infaltable ‘el que no salta es un inglés’. Todas estas canciones acompañaron los bocinazos de los autos que también dieron vueltas a la plaza incontable cantidad de veces.
‘Nunca grité tan fuerte un gol’, dijo Martín Cáceres, que festejó junto a su grupo de amigos. Ellos viajaron desde Chimbas hasta la plaza en una camioneta adornada con globos, banderas y arrojando papel picado. Y al igual que ellos hubo hinchas de la celeste y blanco que llegaron al festejo desde Rivadavia, Santa Lucía y Rawson. Las familias fueron protagonistas y la alegría del triunfo sobre la hora se vivió tan a pleno que la gente llevó hasta los perros a la plaza. Otro que no faltó fue el padre Rómulo Cámpora, que salió de la Catedral a saludar a los hinchas.
