El "Pacto por México”, tal como se denomina el acuerdo político, fue firmado por el nuevo presidente Enrique Peña Nieto y los líderes de los dos partidos de oposición más grandes del país. Muchos lo describen como el acuerdo más ambicioso jamás firmado por líderes políticos mexicanos para modernizar el país y volverlo más competitivo.

Entre otras cosas, el Pacto por México se compromete a la creación de sistemas de seguridad social y de salud universales, y la implementación de una reforma educativa que incluya la evaluación de los docentes. También plantea reformas energéticas, un compromiso de aumentar el presupuesto de ciencia y tecnología en el 1% del PBI, y convoca a llamar a licitaciones para dos nuevas cadenas de televisión, así como medidas anti-monopólicas para crear una mayor competencia en la industria de las telecomunicaciones. Algunas de las propuestas del Pacto por México, tales como las reformas educativa y de telecomunicaciones, serán presentadas ante el Congreso antes del 15 de diciembre. Otras serán sometidas al Parlamento en el curso de los próximos dos años.

El problema estará en los detalles, opinan los menos optimistas. Los escépticos ven "un pacto de cúpulas”, que no pasó por la aprobación formal dentro de cada partido, y que por lo tanto, no compromete a todos los legisladores de los partidos firmantes.

El Pacto por México fue firmado por Peña Nieto, la presidenta del Partido Institucional Revolucionario (PRI) María Cristina Díaz; el presidente del Partido de Acción Nacional (PAN) Gustavo Madero, y el presidente del Partido para la Revolución Democrática (PRD) Jesús Zambrano. Horas después de la ceremonia, el ala izquierda del PRD denunció que Zambrano había firmado sin la aprobación de su partido.

Sin embargo, existe un consenso bastante amplio de que el Pacto por México es algo nuevo en la política mexicana. El país sufre una parálisis política desde hace varias décadas porque los partidos no lograban ponerse de acuerdo en cómo destrabar en el Congreso las reformas energética, fiscal, y educativa.

Mi opinión: No es para nada seguro que el Pacto por México vaya a producir resultados concretos, -las peleas sobre los detalles pueden malograrlo a la hora de discutirse-, pero es un avance importante para un país cuyo Congreso dividido no permite sacar adelante reformas fundamentales. Aunque por ahora el Pacto no sea más que un papel, en una democracia tan vibrante como la mexicana, donde los medios no son tímidos a la hora de exigirles a los políticos que cumplan sus promesas, este documento será un instrumento de presión para obligarlos a cumplir.

Tal vez más importante aún, el acuerdo le dará a Peña Nieto un escudo para protegerse contra los poderosos sindicatos y monopolios empresariales que en muchos casos tienen estrechos vínculos con su propio partido. Podría permitirle al presidente, si es que se anima, a ejecutar reformas importantes y decirle a esos grupos: "No puedo hacer nada al respecto, porque esto lo acordaron los tres partidos”.

Eso, por sí mismo, convierte el Pacto por México en un instrumento potencialmente valioso que podría impulsar el avance del país. Y también podría servir de ejemplo para Estados Unidos en momentos en que su Congreso no logra consolidar una fórmula para evitar un abismo fiscal el 31 de diciembre; y para varios países latinoamericanos en que el gobierno y la oposición ni se hablan.

"AUNQUE muchos ven al Pacto por México como un acuerdo histórico, los escépticos lo señalan como vagas declaraciones de buenas intenciones que no serán fáciles de aprobación legislativa.”