La Plaza Laprida se convirtió en un escenario en el que convergieron las danzas folclóricas típicas de la Argentina. Fue ayer durante el acto que realizó la Municipalidad de la Capital para conmemorar el Bicentenario de la Independencia. Participaron varios ballets de la provincia que recibieron la ovación del público con su actuación.
El acto arrancó con una convocatoria a todos los vecinos para participar, pero que no fue necesaria. Media hora antes del comienzo ya no quedaban sillas vacías. La gente llegó temprano para presenciar el evento que comenzó y terminó con baile.
Los chicos con discapacidad del Ballet Municipal Sembrando Ilusiones fueron los primeros en salir a la pista luciendo pilchas gauchas y poncho sanjuanino. Primero bailaron una cueca y luego un escondido sin descansar entre un baile y otro. Lo mismo hicieron los alumnos de la Escuela Polivalente de Artes que bailaron un cuando y un minué vestidos con elegantes trajes de época.
El ingreso de la Patria interrumpió la rutina de baile folclórico, aunque ella también hizo su arribo con una coreografía con música de fondo. Se ubicó a un costado del escenario y allí permaneció inmóvil por al menos media hora. Fue el tiempo que Fray Justo Santa María de Oro usó para contar un poco los avatares del viaje desde San Juan hasta Tucumán para participar en el Congreso. Otro personaje que conquistó al público fue el locutor que dirigió el acto, leyendo un bando (discurso que se leía en la época colonial) al que le agregó algunos chistes que la gente festejó. Uno de ellos es que se comunicaba a los presentes que la comuna no se hacía cargo de las manchas de chocolate en los trajes o que se iba a cobrar una multa descomunal a quien dejara migas de sopaipillas en el césped de la plaza. A media mañana se sirvió estos alimentos a todos.
Los chicos y chicas del Instituto Rocío fueron los encargados de retomar la parte bailable del acto. Su puesta en escena deslumbró. Pasaron de bailar flamenco y tango a bailar malambo luciendo jean y campera de cuero. Pero lo que más aplaudió el público fue cuando los varones con un zapateo perfectamente sincronizado lograron hacer la introducción del Himno Nacional Argentino sólo con el taconear de las botas. Fue en este momento que la gente, que ya colmaba la plaza, aplaudió de pie.
Para el cierre quedó la actuación del Ballet Municipal San Juan Nuestro Tiempo, de Gerardo Lecich. Su puesta en escena duró más de media hora y fue tan variada que la gente no paró de aplaudir en ningún momento. Bailaron tango, milonga, chacarera, zamba, cueca, cuando, gato, chamamé y hasta una ranchera con diferente vestuario para cada danza.
