Ciertamente la muerte cualifica, y en ese sesgo hace reconocer -cuando la hay- la calidad humana de quien ha desaparecido, cuando aquel, traspasando la cuestionabilidad de ideas, supo sumergirse en la propia integridad de un ideal acendrado, defendiéndolo a rajatabla -justa palabra para su actitud- desde su posición, costara lo que costara, a todo trance y sin remisión.
De las anteriores expresiones nace la idea del redoble y rebatimiento de esfuerzos que alguien puede ostentar abismado en una pasión idealista, cuando ésta se lleva avasalladora, cuando ha nutrido toda una vida sin avenimientos espurios -un norte sin claudicaciones ni treguas engañosas- y todo inmarcesiblemente llevado hasta la entrega conciente de la propia vida. Tal el resaltar de la figura de Néstor Kirchner.
Las convicciones, cuando están arropadas por una ética genérica, producen en el individuo una tremenda fuerza hacedora que reclama realizaciones, y no sólo empellones de una mezquina aspiración. El desquicio o desgozne de las ideas en política produce mutilación de finalidades auspiciantes: En esta forma se llega a un desguace propio, producto del desbaratamiento provenido de lo que se pretendió hacer.
Aunque parece cuestión aparte, no podemos dejar de decir -en evidencia de un mismo sentir kirchneriano- que los pueblos que padecen políticas erradas subsisten con su decepción, pero se han acostumbrado a "llevar a la calle” su grito de protesta.
Al morir el ex presidente Kirchner, partió una personalidad que en su devenir político sumó ingente cantidad de adeptos, pero que también tuvo detractores que querían empequeñecerlo y desvirtuarlo en su figura moral.
Acuciado por una insoslayable vocación de Patria, el escritor argentino Eduardo Mallea escribió su libro "Historia de una pasión argentina” (1937), dimensión cabal, escudriñante y sentida de una vida -la del protagonista- en sus luchas, desvelos y entrega imperativa a sus ideales arquetípicos de un nacionalismo puro.
Apenas pisada tierra argentina, y en un discurso de entrada al país, el presidente venezolano Hugo Chávez citó al autor nombrado, y a esa su obra, homologándola, en la abstracción de su dicente título, con la consumada vida de Néstor Kirchner. Al morir, el ex presidente ha dejado fuertemente signada una época -su época- que en los dictámenes de la Historia Argentina -si muy imparcialmente- se exaltará como un tiempo de reivindicaciones axiales dentro de la sociedad argentina.
