La gala fue de ellas. Al menos, el tanque invencible de la 82da. edición del Oscar fue una mujer (y estuvo secundada por talento femenino). Se llama Kathryn Bigelow y es la directora de Vivir al límite, la ilustre producción que solapó a la ¿favorita? Avatar y se quedó con las estatuillas más importantes (Mejor película, director, edición, mezcla y edición de sonido y guión original). La ex esposa de James Cameron (sí, paradojas del destino) le tapó la misma boca que supo besar y lo dejó como el fracasado de la noche (de sus 9 nominaciones, ganó sólo Mejor Dirección fotográfica, artística y efectos visuales). La realizadora también marcó precedentes. Fue la única mujer que en la historia del premio triunfó en la terna Mejor Director. Osea, un golpe muy duro de procesar para el Rey del Cine -tiembla su corona- (lo de Cameron es un claro ejemplo de las trampas de la Academia). Pero el girl power no quedó ahí. Lo de Sandra Bullock y Mo’Nique también enmudeció. Ambas, tienen carreras como comediantes y se consagraron como actrices dramáticas. El gusto ciclotímico del jurado destacó sus fibras interpretativas y dejó atrás la subestimación. Es que Sandra construyó una trayectoria de cintas livianas, pasatistas y nunca la tuvieron en cuenta para papeles jugados (mucho menos en los Oscar) y la negra, viene de realities bizarros y comedias ranciamente olvidables. Se podría decir que fue una entrega impulsiva y shockeante. Hasta hipotecada. Bueno, no tanto, pero casi. A diferencia de otros años, el escenario y el esqueleto temático no fue impactante (se notó y mucho la crisis financiera). Ostentó sencillez y no incluyó el charm de sus tradicionales cuadros musicales (los que se vieron no fueron demasiado vistosos y hasta promovieron el tedio). El gheto actoral fue la salvedad. Compensó la carencia de glam escénico y tanto ellas como ellos, lucieron espléndidos -y botoxeadamente radiantes-. La entrega de la estatuilla dorada, también incluyó despistes -e inexplicables-. Cuando la atemporal Demi Moore presentó el melancólico momento de recordar a "los que no están y extrañaremos" (los fallecidos, claro), no la tuvieron en cuenta a Farrah Fawcett (ícono infaltable). Más rarezas. Al igual que Cameron, Quentin Tarantino, no tuvo la suerte de las féminas (indiscutidas topadoras). Se suponía que su filme Bastardos sin gloria (versión nazi de Kill Bill), iba a dejar huella pero terminó siendo un pollito mojado. Sólo se lució gracias a Christoph Waltz, quien se llevó el premio de la Academia como Mejor Actor de Reparto. El excéntrico guionista, director y actor, estaba nominado en Mejor Dirección, pero no resistió el poderío Bigelow. ¿Lo más emocionante para los argentinos? Obvio, El Secreto de sus ojos. El nuevo orgullo made in Argentina, logró enaltecer la calidad del cine nacional y ofició de revancha (Campanella se vengó con el fallido paso en 2001 por El Hijo de la Novia). En definitiva, el Oscar 2010 generó estadíos sorpresivos (no ganaron los supuestos), cosechó buen rating (fue lo más visto del domingo) y promovió sobriedad (no resultó tan incandescente como las anteriores). Ah!, y estuvo plagado de carteras. ¿Alguna duda?.
