"Nadie puede estar tranquilo, estos te meten un gol y pueden pincharte el globo", expresó Daniel Martinazzo, ex doble campeón mundial con la selección argentina y anfitrión de sus hermanos mayores Valentín y José, y de un grupo de primos, que se reunieron en su domicilio de calle Pellegrini, en Santa Lucía para seguir las alternativas del encuentro entre Argentina, el equipo que dirige el hermano menor, José, y Brasil.

Después de degustar una par de pasas recubiertas con chocolate y mientras veía las primeras alternativas del encuentro, Luis, fue el primero en opinar respecto al partido, que en sus primeros tramos era cerrado. "Los veo muy acelerados". Cuando se cumplían cinco minutos se paró y salió del amplio estar para verlo desde lejos.

Constantino Mattar, Germán y José Luis Santiago, Marcelo Villavicencio, Emilio Desgens, todos sobrinos y primos, aportaban algún comentario, mientras transcurría el encuentro. Francisco (hijo de Daniel) en más de una ocasión se levantó del puff para gritar un gol que por la acción del arquero brasileño o por falta de puntería no se concretaba.

"Tienen que pararse y pensar un poco", aportó Valentín, que junto a Daniel eran los que más cerca se ubicaron del plasma de 42".

Cuando Karam tocó corto y batió al Turco Kenan, se produjo un silencio absoluto. En la segunda ronda de café y anisado, durante el entretiempo se sucedieron los comentarios. "No hay espacios, es una proeza lo que hace el pibe Alvarez, metido en el medio tratando de aprovechar alguna pelota", confió Daniel, que antes había expresado: "Nos dejaron nocaut".

En el segundo periodo la cosa cambió. Los lamentos por las oportunidades perdidas dieron lugar a la explosión que causó el empate del Nalo García.

Los insultos a los árbitros no faltaron cuando Brasil anotó el segundo, con una clara infracción al arquero argentino.

"Tenías razón Valentín", gritó Daniel cuando Argentina pasó a ganar luego de que le cometieran falta a Nicolía y Emanuel García convirtiera el tiro libre directo. "Era necesario parar un poco el ritmo y meter el regate", culminó Daniel.

"Que se termine ya", sugirió el primo Mattar. "Apagá el televisor", se escuchó desde el fondo y las risas, sinónimo de la distensión inundaron el ambiente.

El cuarto y el quinto gol se festejaron con gran algarabía.

Los aplausos inundaron el ambiente y el "¡Vamos todavía!" fue un coro cuando culminó el partido. "¿A que hora es mañana?", preguntó otro invitado. Al enterarse que era a las 16,30 el rezongo de Mattar no se hizo esperar: "¡Otra vez café con galletitas, podrían jugar en otro horario y tiramos una carnecita a la parrilla".