Ayer se conoció que el velocista jamaicano Usain Bolt integra la terna para ser elegido el mejor atleta mundial del año (compite con el fondista británico Mo Farah y el saltador de altura ucraniano Bohdan Bondareko), también salieron a la luz algunos párrafos de su biografía que se llamará “Como el Rayo” y saldrá próximamente. En su libro, el atleta, de 27 años, habla de sexo y drogas, y que también de que su padre le pegaba de niño.

Bolt reconoce que nunca le costó relacionarse con las mujeres, pero que todo cambió para él cuando se consagró en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008: “Podía elegir a las que quisiera. Me ponía en plan bueno, a ver… ¿Ésta? ¿O quizá ésta? No, tú, tú, vente conmigo. Fue un sueño hecho realidad. Yo tenía 22 años y me daba la impresión de estar en un negocio de golosinas”.

El jamaiquino cuenta que su entrenador, Glenn Mills, le quiso prohibir el sexo por ser una mala influencia para su rendimiento en las carreras. “Si lo hubiera hecho, me volvía loco. Yo lo tenía claro: para ser rápido y ganar a lo grande, a veces hay que darle caña”.

En su libro, Bolt cuenta que probó la marihuana: “Sólo probé un cigarrillo y me pareció asqueroso. Me arrepentí de inmediato”. Además hace referencia a los castigos que le propinaba su padre. “De niño me pegaba con el cinturón o con la mano. Dolía, y yo lloraba, pero me ha permitido saber la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal”.