Más allá de hechos delictivos como asaltos a mano armada, robos, "escruches", arrebatos y otros ilícitos vinculados con la gran inseguridad existente en los distintos barrios y villas de nuestra provincia, hay un notorio vandalismo por parte de menores -impunibles ante la ley-, o de patotas juveniles que se las ingenian para no ser atrapadas in fraganti.
Las farolas del sistema de alumbrado público, tanto de las calles como de espacios públicos, son uno de los principales objetivos de estos grupos destructores, que actúan generalmente durante la noche. Siguen los monumentos de las plazas o plazoletas, lo que incluye el robo de las placas recordatorias, por lo general construidas en bronce u otros materiales reciclables. También los bancos de las plazas y los contenedores de residuos domiciliarios, son blanco de los inadaptados a la hora de romper elementos que con gran esfuerzo son colocados por vecinos y autoridades para mejorar la parte urbanística.
Dentro de la escalada del vandalismo que nos rodea, se suman los "graffitis" sobre las paredes de casas particulares, comercios, estatuas, monumentos recordatorios y edificios públicos, con frases que en la mayoría de los casos son de mal gusto y groseras.
Es evidente que el comportamiento vandálico está estrechamente vinculado a los bajos niveles de educación y cultura de sus autores, por lo que sería conveniente que las autoridades pertinentes consideren la posibilidad de invertir tiempo y esfuerzo en trazar planes educativos que apunten a tratar este tema en forma profunda. Junto a ello un control policial y de la comunidad en general, podría ayudar a bajar los niveles de los actos vandálicos que soporta la comunidad y ocasionan altos costos al erario.
