En la plataforma electoral de la mayoría de las fuerzas políticas, en general, y de los concejales municipales, en particular, electos en las últimas elecciones, el tema de la implementación de la Banca del Vecino fue recurrente. La mayoría de los ediles se comprometieron a dar participación a los vecinos y otorgarles la posibilidad de plantear sus problemas, en un ámbito donde se debe controlar y fiscalizar la gestión municipal evaluando si se está cumpliendo con el requerimiento de la sociedad.
En lo que va de esta nueva gestión son numerosos los municipios en los que se ha puesto en vigencia la Banca del Vecino, como un recurso apropiado para conocer las necesidades de la comunidad, en un intento por resolver los principales problemas. Pero también es cierto que todavía quedan muchos municipios en los que ésta práctica no está debidamente fomentada, quitándosele a la gente la posibilidad de reclamar las mejoras que están haciendo falta.

Los Concejos deliberantes del Gran San Juan, incluyendo el de la Municipalidad de la Capital, son los que más impulso han dado a esta práctica, con resultados diversos, pero que resultan alentadores al momento de evaluar la participación vecinal.
Se puede definir a la banca como un espacio vecinal, donde cualquier persona puede exponer ante el Concejo inquietudes o temas específicos, en representación propia o de otras entidades.

Sería muy conveniente que en el resto de la provincia se le de mayor impulso a esta iniciativa, a la vez de promover el funcionamiento de las organizaciones vecinales que son las que, en definitiva, conocen los requerimientos de cada rincón de los respectivos departamentos.