“¡Ustedes están de la nuca!”, le respondí deliberadamente a una bonita joven que intentaba convencerme del envenenamiento generalizado que provocaría la minería en Jáchal. No lo hice con ánimo de ofender pero sí con vehemencia para despertar una reacción semejante a la que ellos intentaban con los desprevenidos parroquianos de la Plaza 25 aquel jueves por la tarde. Esa reacción desproporcionada e irracional de los autoconvocados ambientalistas de Jáchal no ha tomado cuenta del daño que provocan sus afirmaciones. Más daño que lo que pudiera haber hecho la solución cianurada en la extensión de 258 km de distancia río arriba. Daño no solamente por los centenares de puestos de trabajo que sus vecinos podrían perder con los sueldos más altos que registra la Anses para empleado alguno de cualquier otra actividad en el país, sino por la divulgación a nivel mundial, hecha por ellos mismos, de ser el suyo un pueblo envenenado. Dificultad que habrá en el futuro para desmentir lo que no existió. Perjuicio a los productores agrícolas, sin ir más lejos. Activismo que ha inducido al juez Oritja a paralizar la producción 9 jornadas al costo de unos 2 millones de dólares diarios si medimos de acuerdo al programa de trabajo expuesto por la compañía en sus reportes trimestrales. Pudo haber sido peor. El juez había previsto una suspensión indefinida comenzando por 30 días.
Lo ocurrido, en general, fue una muestra explícita de falta de liderazgo en ese departamento, porque el liderazgo es virtud que se ejercita en momentos de crisis no sólo en la Fiesta de la Tradición. Años atrás, febrero de 2010, un terremoto arrasó con parte de Chile y movió el piso de los asistentes a un recital de la cantante Soledad y el Chaqueño Palavecino en la Fiesta del Sol en el Parque de Mayo. El Gobernador, presente en el acto, no se movió de su lugar y con sus manos pidió tranquilidad y orden a los asistentes, luego de lo cual todo se calmó. Imaginen que por el contrario hubiera corrido diciendo, “aquí no se hacen más festivales al aire libre”. Un liderazgo básico les hubiera hecho ver a los jachalleros la necesidad de ser prudentes y tener certezas absolutas antes de denunciar al mundo una contaminación del río que no existió. ¿Por qué? Porque fuera de ese mundo encerrado en que viven, hay competidores en los mercados que si no tienen causa la inventan con tal de dejar de comprar o bajar los precios. Se llaman “normas para arancelarias”. Que el bicho tal, que la peste cual… Si uno les ayuda con mentiras propias ni siquiera les pone a trabajar la imaginación. No pasaron dos semanas antes de que un legislador mendocino pidiera a su gobierno que se levante una especie de muro de Berlín contra los productos de San Juan, como si no conociera las diferencias de cuencas que hay aquí como en todos los ríos de Mendoza.
Pocos años después de instalarse la minería en Iglesia, estuve de visita en un criadero de truchas de muy buena calidad en un paraje escondido de Nono en Córdoba. El pícaro propietario, sin conocer mi procedencia ya hablaba de que Meglioli estaba dejando de producir alevinos en la finca El Martillo de Colola por la contaminación del agua del río. Se encontró con la sorpresa de que pude replicar, además de otras cosas, que el agua que llegaba a Colola no era la que bajaba de las explotaciones mineras, pero me quedó la convicción de que el hombre habrá repetido esa prédica a todos sus posteriores clientes. Los ya sufridos agricultores deberán salir al mundo a ejercer la defensa de una pureza que nunca perdieron en el agua del río pero sí en las bocas de los detractores.
“Todo es tóxico, depende de la dosis”, es lo primero que se enseña a quienes deciden tomar el áspero camino de la química, materia reducida en la conciencia popular a “esto es bueno” o “esto es malo”. Beber más de 4 litros de agua en menos de una hora es un método de tortura, inyectarse café en sangre no es lo mismo que beberlo en un pocillo. Las mediciones que fueron tomadas por diferentes grupos y llevadas a distintos laboratorios universitarios e independientes en los villorios de El Chinguillo y Malimán, los primeros poblados río abajo, dieron una concentración de cianuro de 0,009 y 0,007. La Organización Mundial de la Salud, en su página oficial, recomienda para consumo humano no más de 0,07 pero algunos países, como Canadá, USA, Argentina y Brasil admiten hasta 0,4, es decir, una escala muy superior. Ninguno, ni siquiera los más estrictos rechazan concentraciones tan bajas como las que registró el río en esos días, claramente tendiendo a cero. Derrame hubo, y fue grande, pero se dio lo que tantas veces se dijo que ocurriría, que la dilución en la corriente y el sol harían su trabajo para evitar daños a los pobladores o sus animales.
Algunas conclusiones: Fue evidente que la empresa no ganó la confianza de sus empleados. La comunicación que desató el terror en los primeros momentos, nació del corazón de la mina y no precisamente de los directivos. Otra, el juez Oritja exageró al principio pero manejó correctamente los tiempos al levantar la cautelar a los 9 días. Todo juez tiene el deber de analizar los hechos y evitar decisiones resultado del “estrepitum forum” o de las puebladas tan comunes en ese lugar. Aún no está clara la historia de la famosa válvula de venteo a la cual se atribuye el derrame, falla que no explica cómo es que el líquido no se recuperó por la base de la pila y salió hacia un costado contradiciendo la ley de la gravedad. La decisión de reiniciar las tareas es posible que baje la espuma aunque no se puede olvidar el contexto electoral. En Iglesia, supuestamente el lugar más afectado, hubo conducción política. La pretensión de los jachalleros de cierre de la actividad en general no correrá. En última instancia, si ya hubo EPSE para los diques y GAPSE para el gas esta semana volvió a rondar la idea de una MIPSE.
