La desesperación de los venezolanos por conseguir alimentos y productos de primera necesidad en un país desabastecido por los desaciertos políticos de una revolución fracasada, los lleva a recorrer miles de kilómetros para ingresar a Colombia y Brasil para comprar lo que pueden, luego que el presidente Nicolás Maduro permitiera levantar el cierre de los pasos fronterizos.

Venezuela y Colombia comparten 2.219 kilómetros de frontera y las numerosas conexiones viales estaban bloqueadas por el régimen chavista desde hace once meses, hasta que en las últimas semanas se abrieron y una avalancha invadió a los comercios colombianos para adquirir comida, artículos de tocador y hasta neumáticos. Se estima que más de 135.000 venezolanos han viajado mil kilómetros en promedio en vehículos de todo tipo en busca de todo, a pesar del costo y los decomisos que sufren los tour de compras al regreso, por agentes del gobierno.

Es tal la necesidad de compra, que colapsaron los hoteles y posadas de Táchira y muchos venezolanos tuvieron que dormir en tiendas de campaña para amanecer temprano en los puestos fronterizos de San Antonio, Ureña y Orope y cruzar hacia Cúcuta y todo el Norte de Santander, en Colombia, donde todo cuesta la mitad, medido en dólares. Otro tanto ocurre al sur de Venezuela, frente a la localidad brasileña de Pacaraima, a 15 kilómetros de Santa Elena de Uairén. Allí los comercios que estaban cerrados durante años volvieron a abrir en vista de la gran demanda de los venezolanos. Hasta se habilitaron puestos callejeros para atender a los vecinos desabastecidos que llegan desde remotos pueblos venezolanos.

La crisis económica y social generada por los desaciertos de una revolución que anunciaba una transformación del país y que Hugo Chávez buscaba extenderla a toda Latinoamérica, terminó en un fracaso rotundo a medida que el populismo sustentado en los precios del petróleo sucumbió con el derrumbe de la cotización del crudo llevando la inflación al 700% anual, la más alta del mundo. Sin divisas, se entiende la escasez crónica en un país que todo lo importa porque no supo diversificar su economía atada a los hidrocarburos.

Para colmo Maduro privilegia a los militares para que no pasen las necesidades del resto de la población, una forma de reaseguro contra la oposición y una sociedad que lucha para sobrevivir en medio de un modelo doctrinario agonizante.