Venezuela retomó las clases este lunes en un clima atravesado por el temor, el ausentismo y la polémica por un “programa especial” impulsado por el Gobierno para explicar en las escuelas qué ocurrió el 3 de enero, cuando Estados Unidos llevó adelante un ataque y capturó a Nicolás Maduro. El reinicio del ciclo lectivo se dio en un escenario de alta sensibilidad política y social, con comunidades educativas condicionadas por la incertidumbre y la represión.
Uno de los episodios que más repercusión generó fue la difusión de un video de la Policía Nacional Bolivariana en el que un grupo de niños de jardín de infantes grita “¡Te queremos Nicolás!” dentro de un aula. La escena tuvo lugar en el Centro de Educación Inicial Autónomo Sargento Mayor Apascacio Mata, ubicado en el Cuartel General de esa fuerza, dentro del complejo de El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), señalado por la oposición como el mayor centro de torturas del país. Los niños son hijos de agentes policiales y aparecen rodeados de efectivos y docentes, con computadoras, mochilas y materiales nuevos.
En ese delicado contexto, el ministro del Interior y Justicia, Diosdado Cabello, anunció un programa elaborado por el Ministerio de Educación para explicar a los estudiantes lo sucedido. “Los niños de Caracas, de La Guaira, de Miranda, sintieron lo que ocurrió en nuestro país. Hay que explicarles qué ocurrió, por qué lo hicieron, las consecuencias y, sobre todo, la firme decisión que nosotros tenemos de seguir avanzando en revolución”, afirmó en un video oficial.
Sin embargo, el regreso a las aulas estuvo lejos de la normalidad. En los primeros días se registró un elevado ausentismo. Una docente del estado Sucre, que pidió reserva de identidad, señaló que apenas tres de sus alumnos con discapacidad intelectual asistieron a clases y que, por el momento, no se abordó el tema. “La próxima semana se recogerán apreciaciones sin ahondar demasiado”, explicó.
En Caracas, María —también bajo anonimato— contó que en la escuela de su hijo de 9 años la asistencia aún no es obligatoria y que concurrieron menos de la mitad de los alumnos. “Hubo una reunión enfocada en lo emocional y en cómo se sintieron, pero no se dio una lección sobre la historia reciente. Se trabajó desde las experiencias personales”, relató.
Otros padres directamente optaron por no enviar a sus hijos. Un vecino de La Guaira explicó que decidió que su hijo no asistiera tras escuchar declaraciones oficiales sobre el proceso de explicación de los hechos del 3 de enero. “Normalmente ya hay adoctrinamiento en la escuela, pero esta semana pintaba intensa. Por eso no lo enviamos”, sostuvo.
Desde la ONG Centros Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap), su coordinadora de Comunicaciones, Vanessa Moreno Losada, indicó que la organización está monitoreando el impacto de la situación en niños y adolescentes. Si bien reconoció que existen voceros oficiales que buscan instalar una explicación única, advirtió que no hay garantías de que ese discurso se imparta en todas las escuelas y que, en muchos casos, prevalece el temor de los docentes a hablar del tema.
Según Moreno, en varias instituciones los profesores evitaron responder preguntas de los alumnos, incluso cuando estos solicitaron explicaciones formales. En algunos casos, las autoridades escolares indicaron que la escuela “no es un espacio para hablar de política” y derivaron las conversaciones al ámbito familiar. Este comportamiento se detectó en estados como Carabobo, Bolívar, Anzoátegui y Zulia.
En contrapartida, otras escuelas priorizaron esta semana el abordaje de la salud mental y la sensibilización sobre el uso de redes sociales, en el marco del decreto de estado de conmoción exterior, que habilita a las fuerzas de seguridad a actuar ante presuntos apoyos a un ataque armado. Moreno reclamó que las escuelas estén libres de militarización y de presencia armada innecesaria, algo que —según denunció— no se cumplió en varios estados, donde funcionarios de seguridad acompañaron el inicio de clases.
Finalmente, la referente de Cecodap advirtió que las infancias viven el momento de manera dispar: mientras algunos lo perciben como un hecho distante, otros manifiestan miedo a nuevos bombardeos, ansiedad por perder a familiares o temor a expresar opiniones propias o de su entorno, e incluso a eventuales detenciones. Un escenario que profundiza la preocupación sobre el rol de la escuela en un país atravesado por la crisis política y social.

