La crisis que sacude a Venezuela se agrava rápidamente con graves desequilibrios económicos, políticos e institucionales, impactando en los sectores más necesitados. Los enfrentamientos con la oposición en manifestaciones callejeras con muertos, heridos y cárcel para quienes no comulgan con el modelo chavista, revelan este cuadro.

Los venezolanos sufren la mayor inflación del planeta, con más del 10% mensual según informes privados ya que el gobierno de Nicolás Maduro se empeña en ocultar las cifras reales, al cumplir dos años de mandato. La escasez y desabastecimiento de alimentos e insumos básicos genera largas colas de subsistencia. El país está en plena recesión, estimada en -7,5% del PBI, y con récord de inseguridad, delitos y homicidios.

Revertir estas situación ya se plantea a nivel internacional debido a que los mecanismos institucionales tampoco funcionan por la total dependencia de los poderes republicanos afectados a la revolución bolivariana. No hay independencia: la justicia y el Parlamento responden al Ejecutivo, es decir a Maduro que, al igual que su antecesor Hugo Chávez, ejerce el poder absoluto.

Tampoco parece haber garantías para producir cambios en tiempos electorales. El manejo comicial está sospechado de manipulación a favor del oficialismo con lo cual los resultados de toda elección genera conflictos en la ciudadanía. Y no se permiten observadores extranjeros en el proceso y escrutinio. Como si fuera poco se ha revelado que Maduro sufre embates del nepotismo, porque tres familias manejan el poder: la del presidente, los familiares directos de Chávez y el nuevo clan de Diosdado Cabello, líder del ala militar de la revolución.

La crisis venezolana se plantea a nivel internacional, tanto en los organismos hemisféricos como en conversaciones bilaterales, como la que mantuvieron los cancilleres de Rusia y Chile, quienes coincidieron en que la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) puede desempeñar un papel importante para ayudar a rebajar la tensión entre el Gobierno y la oposición en Venezuela, además de contribuir a realizar una profunda reforma económica. También acompañar a las elecciones parlamentarias venezolanas que se celebrarán en el último trimestre del año, con el propósito de darles la mayor transparencia y dar participación a los países de la Alianza Bolivariana (ALBA), para que contribuyan con soluciones sin apartarse del perfil ideológico de Caracas.