Por la Peatonal de San Juan es frecuente la presencia de músicos itinerantes que se ganan la vida tocando y cantando, con la ya clásica modalidad para ganar unas monedas, "a la gorra". Es el caso, por ejemplo, de Eduardo De Cabrera, quien suele ubicarse en la intersección de Tucumán y Rivadavia; y también de "El Grillo" Malbrán, que atiende siempre en su "oficina" de la peatonal Rivadavia. Pero en estos días, otras sonoridades muy distintas a las guitarras se hicieron parte de esta movida artística callejera. Y vienen desde muy lejos. Una llegó del Litoral, de Misiones, y la trajo Alberto Luján Albarado; y la otra arribó del Sur, Trelew, con la joven Nancy Richter.

Alberto recorre el país de punta a punta con su arpa paraguaya. Es la tercera ocasión que pisa San Juan. Viene de la localidad de Santo Pipó, cerca de las ruinas de San Ignacio, en provincia de Misiones, lugar donde se elabora la famosa yerba Piporé. Junto a su compañera de vida, Aurora Bogado, promueve su arte y el folklore litoraleño y toda la tradición del chamamé. "Me gusta el calor humano que tienen los sanjuaninos, me siento muy cómodo aquí", cuenta el arpista.

Desde los 9 años de edad, Alberto toca su instrumento con una naturalidad y sabiduría muy especial. "Me perdía en el medio de los yerbatales escapándome de mi padre, que era trabajador golondrina, para salir a tocar el arpa con los arrieros", recuerda. "Aprendí este arte gracias a mi oído musical. Tuve un gran maestro, Alfredo Portillo, que con sus 11 años de edad, él me enseñaba a mí que tenía 30".

Chicos y grandes se paran a escuchar y observar cómo sus manos acarician las 36 cuerdas de su instrumento hecho a base de madera de pino y cedro. Y a veces, hasta sale un pedido: "¡Quiero escuchar a Ramona Galarza!", dice un espectador. Otro se emociona con Pájaro Campana y se pone a bailar. Las melodías que salen del arpa, generan un sin fin de situaciones interiores para el público. Y para el músico. "Cuando toco, me concentro tanto que en mi sangre fluye una energía especial. Para mí el arpa es como una niña y la cuido mucho", afirmó el viajero musical con 68 años de edad, que está de paso por la provincia.

No es de aquí y no es de allá

Los versos de la canción de Facundo Cabral, "No soy de aquí y no soy de allá", reflejan en parte la forma de vida que lleva la cellista Nancy Richter. Con 35 años, transita sin meta definida y sin planes de ruta, aprovechando cada oportunidad que surja en el camino. Nació en Trelew, Chubut, y rueda por el sendero del arte desde hace 10 años. "Empecé a tocar guitarra, pero la dejé y me metí al conservatorio Manuel de Falla. Hice clases particulares, estuve con grupos de folklore y de tango, estudiaba Letras en la universidad, daba clases, pero definitivamente hice un replanteo de mi vida y me dedico a tocar en la calle", dijo la chubutense.

"Todavía no sé si soy itinerante. Creo que sí se puede vivir de la música. Esté o no inspirada, tenga o no ganas, salgo todos los días a tocar, aunque no se gana mucho pero alcanza", comentó a DIARIO DE CUYO.

Cada mañana y tarde, con su cello, Nancy busca un rincón cómodo en la peatonal Tucumán y se sienta a tocar. "No hay otro trabajo mejor para mí, no quiero un patrón que me mande. Yo soy mi propio jefe, no me banco a nadie que me diga lo que tengo que hacer", asegura decidida la muchacha, que no se casa con ningún estilo en particular. Simplemente, está buscando su propia identidad musical.

"Trato de encontrar la mejor ropa que me quede, sólo hago exploración como mejor me sale, a través de la improvisación. Cuando empiezo a tocar no sé con qué terminaré. Lo mío es todo una evolución", explica.

En los veranos va a Merlo (San Luis), donde su familia está radicada actualmente. Algunas veces pasa por Córdoba y Mendoza. Pero nunca se propuso llegar hasta San Juan. "La verdad no sé por qué estoy aquí. Viajo sin planes, aunque aquí me siento como en casa. San Juan tiene un parecido con las ciudades de La Patagonia. Aquí la gente es muy amable y eso hace que me quede por un tiempo más", elogia.

Por ahora, se aboca a su arte como solista; y no ha probado ensamblar con algún colega en la improvisación. "Tocar con alguien y hacerlo bien es como encontrar novio. No es fácil, hay que pegar onda", remató risueña.