San Juan.- Llegó a la Sala I de la Cámara Penal minutos antes de las 9.30, esposada y escoltada por una uniformada. Seria, a la espera de los alegatos y la pena solicitada por el fiscal. Con rostro adusto, se sentó a la espera de lo que estaba por venir. Sólo se paró para saludar a su abogada, con quien intercambió risas durante unos momentos.
Luego volvió a sentarse. Oris llegó minutos después, también escoltado. La actitud de ambos no cambió con el testimonio de Gustavo Manini, quien durante varios minutos relató los torturas a las que Camila fue sometida sistemáticamente, tratando de explicar que Ríos no actuó en calidad de víctima de Oris, sino como cómplice, potenciada por él. ‘Progresivamente le fueron provocando lesiones, que actuaban de común acuerdo. Ríos recién denunció a Oris cuando se dio cuenta de la gravedad del estado de Camila tras la paliza. Pero lo denunció por violencia hacia ella, no hacia su hija. Y Oris fue sobreseído por esa denuncia’.
Manini dijo además que no había ningún impedimento para que Ríos hablara con amigas, compañeras o con quien quisiera, sobre una supuesta violencia de género y que incluso tenía agendado al acusado como ‘amorcito’ en su teléfono celular.
Todas y cada una de estas afirmaciones no modificaron su rostro. Sólo cuando la fiscalía solicitó 17 años de prisión, Ríos comenzó a llorar desconsoladamente. Por su parte, Pedro Oris se mostró, como todos los días anteriores, ajeno a las palabras de cada miembro del Tribunal.
A la salida, ambos dialogaron con la prensa. Ríos reiteró que es una víctima del caso, mientras que Oris desmintió ser quien golpeaba a Camila.
