Su mamá siempre le decía que tuviera cuidado con su abuelo (hoy de 71 años). Y la niña siempre estuvo a salvo mientras su madre vivió. Pero al horror de perderla para siempre cuando tenía 10 años, sobrevino la terrible experiencia de conocer el porqué de la advertencia. El mismo día que la mujer murió, su abuelo comenzó a manosearla. Y enseguida la violó y la corrompió cada vez que pudo, durante 3 años. El tremendo sometimiento llegó a su fin en diciembre de 2014, cuando miembros de una iglesia evangélica a la que la niña concurría la notaron rara. Vestía y actuaba como un varón, quería aprender boxeo y había aumentado de peso. Tenía 13 años cuando dos profesionales de esa religión le arrancaron la dañina confesión: la niña les contó que era abusada por su abuelo (jubilado, analfabeto) desde el mismo día en que su madre falleció. Que eso fue posible porque su papá, que armó nueva pareja, la mandó a vivir con sus abuelos a causa de una pésima relación. Y que todo pareció favorecer al abusador, ya que no se llevaba bien con su mujer quien, por las noches, dormía en otra habitación encerrada con llave. Hacerle lo mismo a su hermana más chica, matar a su otro hermanito o decirle que nadie le creería si hablaba, eran los mecanismos que ese desalmado abuelo usaba para ultrajar a su propia nieta.
Precisamente a esta mujer intentó recurrir por ayuda la niña, pero la anciana no le creyó o fingió no tomarse en serio el asunto. ‘Mi abuela se hace la bol…’, dijo en Cámara Gesell. Después, presa de su propia vulnerabilidad, intentó retractarse a causa de la presunta influencia de su abuela.
Ayer, ese abuelo con arresto domiciliario por tener 71 años confesó haber violado y corrompido a su nieta. Y acepta 10 años de cárcel en un juicio abreviado que firmó con su defensor Gustavo de la Fuente y el fiscal José Eduardo Mallea. Los jueces Eugenio Barbera, Juan Carlos Caballero Vidal (h) y Silvia Peña (Sala III, Cámara Penal) deciden.
