En oportunidad de una anterior publicación nos referimos al tema de la idoneidad ética y la necesidad de que la sociedad argentina recupere su nivel de exigencias éticas, y en consecuencia desterrar la errónea creencia de que tal cuestión tiene un efecto inocuo para el sistema institucional, que por el contrario un sistema social sin el mentado elemento está condenado al fracaso habiendo expuesto en aquella oportunidad sucintamente los argumentos en tal sentido. Ahora bien, una sociedad que descree o no confía en el sistema institucional como único instrumento para lograr mayores beneficios, es una sociedad que ha caído en la paradoja de haberse pronunciado su propia sentencia de muerte. En tal sentido tiene relevancia citar el pensamiento del filósofo inglés Bentham en cuanto fundador del utilitarismo o pragmatismo filosófico, que en relación al tema de los fundamentos de la vida organizada, llega a la conclusión de que el sistema tiene como finalidad fundamental lograr el máximo beneficio o (utilidad) para sus miembros, que en definitiva es lo que le da justificación. Creer en el sistema genera la obligación de su cumplimiento, esto implica someterse a sus normas reguladoras, el incumplimiento y/o violación de sus reglas, genera el deber de sanción. He ahí una de las piezas fundamentales del sistema que es el poder o capacidad de sanción como uno de los elementos que asegura su cumplimiento. De esta manera tiene efectiva operatividad el principio republicano de igualdad ante la ley, lo que implica que el alcance de la sanción se le aplica a todo infractor del mismo, sea cual fuere su mayor o menor vinculación con el poder, evitando asimismo que el sistema penal tenga estructuralmente como únicos destinatarios los ‘perejiles’.

Respecto del deterioro del sistema institucional argentino cabe señalar como causa principal la no creencia de la sociedad en el sistema como instrumento que ha de proporcionarle un beneficio, ergo no genera el deber ni la conciencia de su cumplimiento, y ante un supuesto de violación de sus normas reguladoras no existe capacidad y/o poder de sanción.

En segundo lugar también contribuye al mentado deterioro un aspecto psicológico que caracteriza al argentino en general, que ha dado lugar al popular apotegma conocido como ‘viveza criolla’, que puede definirse como una particular habilidad o cualidad para obtener una ventaja. Sin embargo esta supuesta astucia lejos de trasuntar un valor positivo por el contrario representa una valoración negativa que se ve reflejada, en primer lugar: en cuanto denota un criterio egoísta o individualista, busca una ventaja para si. En segundo lugar la obtención se persigue soslayando el camino establecido, vale decir, gambeteando las normas. Lógicamente que el resultado final dentro de un sistema social no pude ser otro que terminar naturalizando o legitimando el incumplimiento estructural del sistema institucional, y ante violaciones flagrantes al mismo nos encontramos con una absoluta incapacidad o poder de sanción.