La vida de un ciclista profesional demanda sacrificios como el de alejarse por un tiempo prolongado de la familia. Circunstancia que, en el caso de Rubén Ramos, magnificó sus dimensiones porque cuando se fue a Europa para competir con la Selección Argentina en pruebas de pista e integrarse al conjunto continental rumano Tusnad Cycling Team, su pequeña hija, Oriana; tenía ocho meses. “Sinceramente lo que más extrañé fue a ella (aprieta fuerte a la nena y la besa) a Daiana (su novia) y la familia”, contó el Pelado o Polillita, como lo conocen cariñosamente en el ambiente sanjuanino.

Cuando se le consultó sobre el balance de su segunda temporada en Europa, la primera la hizo el año pasado con la selección, Rubén no dudó en decir que fue “positivo”. “Fue muy bueno, positivo en todos los aspectos porque me permitió conocer de cerca un ciclismo muy exigente, que se diferencia del nuestro porque las carreras se desarrollan en terrenos con mucho desnivel”.

“Volví más maduro, aprendí muchas cosas, especialmente a como encarar algunos momentos de carrera”, amplió quien se tomó esta semana para descansar y piensa en subirse a la bicicleta la semana próxima porque el 10 de septiembre tiene una concentración con el equipo nacional que se prepara para participar de los Campeonatos Panamericanos de pista a fines del mes próximo.

“Tenía pensado parar un poco más de tiempo, pero haré la pista con la selección y después veré como encaro mi preparación para la ruta porque la idea es que vuelva a Rumania en febrero para quedarme medio año o un poco más y posiblemente con mi familia”, explicó

Su estada en Europa incluyó cinco competencias de etapas con el equipo continental (tercera categoría profesional como el SEP San Juan, San Luis Somos Todos y Matanceros de nuestro país) y un par de “meeting” de pista con el seleccionado, los realizados en Fiorenzuela y Pordenonne (Italia). “Todas las competencias fueron muy exigentes, pero la etapa más dura fue la segunda del Tour de Sibiu (Rumania), entre las ciudades de Sibiu y Paltinis que tuvo 231 kilómetros de extensión con 3.500 metros de desnivel. En esa etapa ‘enganché’ la fuga que se armó a los 30 kilómetros, erámos 20, terminé 14 y me di cuenta que para ‘andar’ en el ciclismo europeo los argentinos, no solo los sanjuaninos, necesitamos un calendario que tenga más carreras con etapas de montaña”, confesó.

Contó que se comunicaba con sus compañeros en inglés y que le costó adaptarse “un poco” a las comidas. “La carne es muy dura y ellos tienen una dieta en la que utilizan mucho picante. Pero a la hora de las carreras los menúes no difieren mucho con los de acá. El bife de carne o pollo con ensalada y las pastas, son muy parecidas”.

La conformidad se nota en su charla, incluso cuando se refiere a la pista, donde corrió junto a Juan Esteban Curuchet en la Americana y participó de la Persecución Individual. “En Fiorenzuela terminé 14 en la persecución y con Juani fuimos octavos en la Madison; muy buenas posiciones si tenemos en cuenta que estuvieron muchos de los corredores que fueron a los Juegos Olímpicos”, dijo mientras jugueteaba con Oriana en sus brazos a la hora de hacer las fotos.