Este Lionel Messi indudablemente tiene un ángel. Lo rodea una aureola única. Es distinto a todos. Lo siguen con sus miradas estando en el banco. Por supuesto mucho más si está jugando. Ni qué hablar si se despacha con tres goles. El astro está de vuelta en la Selección. Su golpe aquí, en San Juan, ya pasó a la historia. Ahora regocija a todos.

Entró con los suplentes. Vestido con la remera blanca y la pechera salmón. Con la camiseta albiceleste en la mano.

Ya en el complemento, a los 5’, Messi empezó a calentar con sus compañeros. Cada movimiento, cada mirada y cada gesto del astro fueron seguidos con inusitada atención. Ni les importó lo que pasaba en la cancha. Para todo el mundo, valía más una foto a Messi que el juego en sí.

Hasta que a los 15’, Martino dio la orden y Messi se sacó la remera-pechera y se puso la “10”. Esa que le queda muy bien. Estallaron los celulares. Los flashes aparecieron por todos lados. Lionel entró por Fernández. De inmediato, Mascherano le dio la cinta de capitán.

Todo normal, hasta que a los 22’ una mala salida de los panameños ayudó para que Messi gritara su primer gol. Sí justamente Lio se quedó con la pelota por el medio y frente al arco. No perdonó. Y, a los 31’ un lujo mayor. Es que se paró firme en un tiro libre. Miró atento y le dio con su zurda prodigiosa. Golazo. Espectacular. Y a los 42’ la frutilla del postre con su tercer gol. Dominó en el área y la mandó al fondo. Para que todo el mundo lo admire y lo festeje. Y se llevó la pelota tras el “hat-trick”.