El Barcelona de Messi, Xavi e Iniesta, entre otros cracks, parece el mundo perfecto. En los dos últimos años, bajo la conducción de Pep Guardiola, el club catalán sumó trece títulos. Pero el paraiso que brindan los resultados, no lo deja exento de pequeñas "desprolijidades’ que tiene a nivel interno el que para muchos ya es el mejor equipo de la historia. Todo esto revelado justo en la semana en que Boca, indiscutible último campeón argentino, tuvo a su Falcionigate que por poco no le costó el puesto al DT.
Hace un par de días se conoció que los motivos de la salida del defensor Piqué de los once iniciales del Barcelona no estarían relacionados a su labor futbolística. Guardiola hace del perfil bajo de él y sus futbolistas una auténtica declaración de principios, y de hecho las estrellas que conforman su plantel tienen que firmar, junto al contrato, un listado de premisas de convivencia. El que no se adecua a ese decálogo, para Guardiola, no es potable. Y al parecer Piqué se salió de línea y Pep lo quiere "enderezar’ a fuerza de suplencias. Decenas de fotos en su cuenta de twitter junto a la cantante Shakira y paseos en jet sky en el mar mediterraneo, habrían colmado el vaso de paciencia del coach. Los avisos que le dio con allegados al futbolista, inclusive teniendo un cara a cara con el papá de Piqué, parecen no haber sido suficientes. Guardiola ya fue dardo de las críticas de uno de sus ex dirigidos como el delantero sueco, Zlatan Ibrahimovic, quien llegó a decirle en la cara +te cagás con Mourinho+. El conflicto se revela en tiempos donde Guardiola coquetea con su renovación de contrato y empieza a mirar con gusto un pasaje a la Premier League inglesa.
Aquella frase que "no todos pueden llevarse bien en un plantel" o "el técnico nos le tiene que caer simpáticos a todos sus jugadores", resulta tan cierta como que en el Barcelona los problemas internos también suceden.
