La frase salió de la cabeza del periodista Matías Martin. Después se popularizó tanto que la usaban hasta los políticos para intentar definir la pertenencia o no a cierto proyecto político. Y hoy, a varios años de su nacimiento, la frase parece tener más sustento que nunca. Es la pregunta que más suena en el peronismo, ese grupo de dirigentes que quiere dejar de ser añoso, cuyo futuro incierto desvela a más de uno, incluso los que cuentan por decenas los años de experiencia. Kirchneristas, no kirchneristas, peronistas puros, peronistas-kirchneristas, peronistas ‘¿massistas?’, son algunas de las facciones que están apareciendo últimamente. ‘¿Y por San Juan cómo andamos?’, le preguntaron a Sergio Uñac esta semana en una cena con un encumbrado bonaerense. ‘San Juan tiene gobernador y su gobernador está preocupado en no fallar’, dicen que contestó tajante. La frase del pocitano, de haber ocurrido, podría ser una definición del peronismo sanjuanino de cara a las distintas y disímiles posiciones que está teniendo el Justicialismo en los últimos días. Veremos. En medio de este contexto revuelto, la reunión del viernes a la noche entre Juan Manuel Urtubey, Sergio Massa y Diego Bossio, entre otros, pareció apurada. ¿Por qué? Para el peronismo-kirchnerismo, que aún pulula por los pasillos del Congreso de la Nación, no hay peor enemigo que Massa. Lo acusan de haberles provocado la derrota de noviembre del año pasado y, además, ven que el juego de necesidades de Mauricio Macri puede favorecerlo. Hoy el Presidente necesita más de Massa que del kirchnerismo para gobernar la provincia de Buenos Aires, por ejemplo. Para colmo si la alianza se extiende, el natural de Tigre podría ayudar al oficialismo a combatir al kirchnerismo en el Congreso, sitial de lujo de lo poco que quedó del kirchnerismo puro. Y, en realidad, Massa tiene lugar no tanto por la cantidad de bancas, sino porque el kirchnerismo se siente cómodo en el lugar de la confrontación, más que en el del acercamiento y la negociación. Si Macri quisiera negociar cuestiones de forma y contenido político con Cristina, ella no lo permitiría. Massa, sí. En definitiva, Massa aprovecha el perfil y las equivocaciones de su Cristina. La apuesta de los K es muy sencilla y casi obvia: corromper, erosionar, lastimar todo lo que se pueda y de manera veloz la gestión del PRO en Buenos Aires y, por supuesto, en la Nación. Esa posición sólo se sostiene desde la comodidad de no tener que gobernar (salvo Alicia Kirchner) distritos deficitarios como lo son la mayoría de las provincias argentinas. El kirchnerismo, fiel a su costumbre, no quiere entrar en negociaciones con nadie, no quiere la variante de la institucionalidad propuesta por un enemigo como Macri, no acepta aún la derrota. Eso se ve en el territorio de María Eugenia Vidal: por lo que dicen los medios nacionales, la mismísima Cristina Fernández había dado orden de no aprobar el presupuesto de Vidal, orden que, parece, va a caer en saco roto la semana que está comenzando. Si eso ocurre, sería la primera derrota de peso de CFK fuera de la Presidencia. Los intendentes peronistas, más necesitados que nadie, se reunieron esta semana y dejaron claro sin decirlo que ellos necesitan sí o sí el presupuesto y que lo van a apoyar.

Una cena y varias conjeturas Uñac estuvo en Capital Federal esta semana para participar junto al presidente y al gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, del anuncio de la construcción de la Autopista San Juan-Mendoza. El Gobierno nacional tomó el proyecto que ya había elaborado esta provincia junto al hoy ministro de Planificación de la provincia, Julio Ortiz Andino, mientras éste trabajó en Vialidad Nacional, y lo hizo propio. Fue el gran tema que llevó Uñac a la primera reunión con el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich, apenas asumió. Se puede decir que fue un regalo para los mendocinos, quienes vieron caer del cielo una idea sanjuanina que los involucró y que les sirvió para mostrar gestión en una provincia que tiene muy poca paciencia. Macri, rápido de reflejos, tomó la idea sanjuanina y la anunció junto a un hombre del radicalismo aliado como Cornejo y junto a Uñac, un joven gobernador peronista, en medio de un peronismo que tiene más asientos vacantes que ocupados. En resumen, todos ganaron: Macri con su demostración de apertura, Uñac con una obra impulsada desde San Juan, y Cornejo, por el avance en sí, que no es poco. Pero volviendo al mundillo del peronismo, en ese mismo viaje y tras el anuncio de la Autopista, Sergio Uñac se dio tiempo para cenar con Julián Domínguez. El expresidente de la Cámara Baja, otrora rival de Aníbal ‘La Morsa’ Fernández en la interna del Frente para la Victoria por la provincia de Buenos Aires, es uno más de los tantos dirigentes del peronismo que dicen: ‘Cristina, Scioli y Aníbal, ya fueron’ y que buscan otros horizontes. Ven que hay pocas alternativas, ya que haciendo un rápido repaso, no hay mucho material que usar a lo ancho y lo largo de la Argentina: y ahí es donde surgen las posibilidades de, por ejemplo, el sanjuanino Uñac. Él, el mandatario de La Rioja, Sergio Casas, y el salteño Juan Manuel Urtubey, asoman como las ‘caras nuevas’ de este peronismo que va en busca de una conducción distinta. Un poco por oportunidad, otro poco por habilidad y una pizca, por qué no decirlo, de suerte. Urtubey parece el más adelantado en una carrera que no existe todavía. El mandatario dijo el día que ganó su tercera gobernación al hilo el año pasado que ‘Es mi último mandato, definitivamente; me voy a la Presidencia o a mi casa’, frase que tiene pocas lecturas. El salteño termina su mandato en 2019 y ya avisó que será esa su pelea. Es muy joven, tiene entre 45 y 46 años, pero se puso una fecha sin necesidad alguna. Tal vez por eso está apurando la ‘renovación’ peronista y por eso fue a la cena con Massa. Se lo ve demasiado apurado. El riojano Casas tiene varios problemas más que el salteño. El primero es que no puede renovar mandato y tiene a la sombra a Luis Béder Herrera, quién ya avisó en su terruño que será candidato a gobernador en la próxima general. Y lo segundo es que no tiene una provincia demasiado ordenada, como sí podría ostentar Urtubey, por ejemplo. Y el caso del sanjuanino Uñac es todo un misterio. Uñac repite que está más preocupado por hacer una buena gestión y mostrarla que de meterse ahora en los vericuetos de las internas peronistas. Lo invitaron a participar del asado con Massa, pero puso algunas excusas y decidió no asistir. No quiere exagerar, tiene la misma edad que Urtubey, pero no la desesperación que muestra el salteño a la hora de mostrar señales. No quiere exagerar en las críticas al kirchnerismo, como hace Urtubey, porque se acuerda que fue parte de ese proyecto. Pero tampoco quiere alejarse demasiado de la interna, por eso la cena con Domínguez y, también, una misteriosa visita a la Casa de Gobierno de hace unas semanas, cuyo nombre propio del visitante ninguna fuente quiso revelar, aunque sí anticiparon que tuvo que ver con la interna nacional del Frente para la Victoria. Uñac le dice a su gente que mire hacia adentro, que no piensen en saltearse pasos, y su gente y él mismo están haciendo eso. ‘Esto es como una carrera de bicicletas, si te jugás al principio, te quedás sin piernas para el final y perdés’, suele mencionar.