El origen del proyecto tucumano tuvo como puntapié inicial una imagen estremecedora que dio la vuelta al mundo: se trataba de Barbarita, una niña que conmocionó a millones de personas al aparecer llorando en un ciclo televisivo, por el hambre que pasaba ella y su familia. De ahí en más, científicos tucumanos con ayuda de fondos nacionales y de programas para el desarrollo de la niñez, trabajó a destajo para dar vuelta la página y cubrir las necesidades de su gente. Así fue como se empezó a trabajar en la creación de un alimento “social” que cubra el aspecto nutritivo de los más chicos. Ese proyecto se materializó al poco tiempo en “Yogurito”, un yogur probiótico que ataca de lleno la desnutrición infantil. Este yogur es una bebida con lactobacilos, cuya principal innovación no reside en sus propiedades benéficas que eleva las defensas del organismo, similar al Actimel y la leche Sancor Bio. En Tucumán se realizó una prueba que consistió en que durante medio año, 104 niños recibieran cinco días por semana el yogur probiótico, mientras que otros 102 menores consumieron en igual período un yogur estándar, denominado placebo. Periódicamente, médicos concurrieron a los comedores para registrar problemas respiratorios o gastrointestinales que padecieran los niños, hablaron con los padres y recolectaron muestras de saliva de los pequeños antes y después de que consumieran el probiótico. Los resultados del estudio científico demostraron “la aparición de eventos infecciosos sólo en el 34 % de los niños que recibieron el probiótico frente al 66 % registrado en el otro grupo”.
