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"Una pesadilla": el calvario que sufrió Unión en Mendoza con un vestuario con olor a ácido y una entrada en calor en la tribuna

El Azul de Villa Krause empató 2 a 2 ante Palmira, cerró un global de 5-3 y avanzó en el Regional Amateur. Sin embargo, el Azul debió afrontar una serie de situaciones hostiles antes, durante y después del encuentro.

Por Vanessa Chaparro 19 de octubre de 2026 - 16:15

El Torneo Regional Amateur y los cruces siempre entre Mendoza y San Juan suelen dejar "cositas" que hacen al folclore, pero a veces, esas situaciones que exceden el folclore, la rivalidad y cualquier discusión deportiva. Lo que vivió Unión de Villa Krause en su visita a Atlético Palmira en la vecina provincia dejó una pregunta incómoda: ¿hasta dónde se puede naturalizar el maltrato a un equipo visitante en nombre de la competencia?

El domingo por la noche, el conjunto sanjuanino consiguió lo que había ido a buscar a Mendoza. Empató 2 a 2 frente a Palmira, hizo valer el 3 a 1 obtenido en la ida y selló su clasificación a la Tercera Ronda del Torneo Regional Amateur, con un global de 5-3. El resultado deportivo fue contundente, pero la historia de la serie no se explica solamente con goles y números. También está atravesada por una sucesión de situaciones que, de confirmarse en los términos denunciados, merecen una explicación.

La previa en tierras mendocinas ya venía convulsionada. Durante la semana, DIARIO DE CUYO había dado a conocer la insólita medida adoptada por la dirigencia de Palmira: exigir un canon de $500.000 a los medios de comunicación que pretendían transmitir el encuentro. Un cobro desproporcionado e inusual que ni siquiera se exige en los torneos de Primera División, atentando contra la labor periodística y adelantando un ambiente enrarecido para el choque decisivo.

Las primeras señales aparecieron antes de que comenzara a rodar la pelota. "Fue una pesadilla pero es fútbol", dijeron fuentes del Azul. Es que la delegación de Unión encontró el vestuario visitante inundado, con charcos en el piso y un intenso olor a cloro, ácido y lavandina. Un espacio que debería ofrecer condiciones mínimas de higiene y comodidad para la preparación de los futbolistas terminó convirtiéndose en un problema.

Después llegó el momento de la entrada en calor. En lugar de disponer de un sector adecuado para realizar los movimientos previos al partido, los jugadores fueron destinados a un espacio de tierra y piedras. Frente al riesgo de sufrir lesiones, el cuerpo técnico tuvo que improvisar y trasladar la preparación a un sector reducido de las tribunas.

No se trata de exigir lujos ni instalaciones de primer nivel en una categoría que se sostiene, en gran medida, gracias al esfuerzo de dirigentes, jugadores e hinchas. Se trata de reclamar condiciones básicas para competir en igualdad y con respeto por el rival. Una cosa es jugar en una cancha con limitaciones estructurales y otra, muy distinta, es tener que resolver sobre la marcha problemas que deberían estar previstos antes de la llegada de un plantel.

Si las condiciones del vestuario y la entrada en calor resultaron llamativas, la advertencia policial antes del final del encuentro fue todavía más delicada. De acuerdo con lo informado, efectivos de seguridad se acercaron al banco de suplentes de Unión para comunicar que la delegación debía retirarse inmediatamente después del pitazo final. El motivo habría sido la falta de efectivos suficientes para garantizar su integridad física ante posibles incidentes con la parcialidad local.

Que un equipo deba abandonar un estadio de apuro porque el operativo no puede garantizar su seguridad es una señal de alarma. La prevención debe formar parte de la organización de un espectáculo deportivo, no convertirse en una instrucción de último momento que obligue a los protagonistas a salir rápidamente para evitar posibles problemas.

La rivalidad entre clubes puede ser intensa. La pasión de los hinchas también. Pero ninguna de esas cuestiones justifica que la seguridad de un plantel quede expuesta a la incertidumbre. Si las autoridades consideraban que existía un riesgo, la pregunta es inevitable: ¿por qué esa situación no pudo resolverse con previsión y garantías suficientes?

Unión ganó mucho más que una serie

En ese escenario, Unión hizo su trabajo. Resistió las dificultades, sostuvo el resultado que necesitaba y se llevó de Mendoza la clasificación. El global de 5-3 le permitió avanzar a la siguiente instancia y mantener encendida la ilusión del ascenso. El mérito deportivo merece ser reconocido. Pero también sería un error convertir lo ocurrido en una épica que termine disimulando las condiciones que debió afrontar la delegación sanjuanina. No debería ser necesario superar un vestuario inundado, entrenarse en una tribuna o prepararse para una salida de urgencia para celebrar una clasificación.

Unión se clasificó y Palmira quedó atrás en el camino deportivo. Pero el verdadero partido pendiente es otro: garantizar que todos los equipos puedan competir con respeto, condiciones mínimas y seguridad. Porque ganar en la cancha debería ser lo más importante. Y porque ninguna clasificación tendría que convertirse en un calvario para quienes solo fueron a jugar un partido de fútbol.

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