Su perseverancia, las ansias por superarse, la potencia física, la humildad de saber escuchar, todo eso y mucho más, lo llevaron a Emmanuel Mas a vivir este presente ideal, que lo tiene a sólo 180’ de ser campeón de la Copa Libertadores de América con San Lorenzo. Por lo pronto, a sus 25 años ya se convirtió en el primer sanjuanino en disputar la serie decisiva por el principal torneo continental. Desde el departamento que habita junto a su esposa en el coqueto barrio de Las Cañitas, en Capital Federal, el ex San Martín charló con DIARIO DE CUYO. Como ocurre en los partidos, se fue soltando en el mano a mano vía celular y así explicó los motivos para que su equipo esté en la definición, sus sensaciones ante semejante instancia, cómo vivió jugar en la temida altura de La Paz y cuánto le costó adaptarse a jugar en un grande de nuestro país. Un Mas auténtico.

-Si cuando llegaste a San Lorenzo alguien te pronosticaba que después de poco más de un año ibas a haber logrado un título local y jugar la final de la Libertadores, ¿qué hubieras dicho?

-(Piensa) Pasaron muchas cosas lindas desde que estoy en San Lorenzo, pero nunca pensé en objetivos a largo plazo. Soy de ir de a poco: cuando llegué acá me propuse ganarme el puesto, luego en ser campeón de un torneo; con la Copa fue algo muy particular porque se había dado el cambio de técnico (se alejó Pizzi y llegó Bauza) y entonces era un proceso de adaptación constante.

-¿Sos consciente que serás el primer sanjuanino en jugar la final de la Libertadores?

-Es algo muy lindo hacer historia para este club, que nunca había jugado a la final, y también para mi provincia. Si bien todos queremos ganar la Copa, pienso que con el tiempo valoraremos más este presente, porque ser finalistas es también algo muy destacable.

-Pasaste del semestre pasado de alternar a ser titular indiscutido y pieza clave del equipo, ¿cuánto influyó Bauza?

-Es un técnico que me dio la confianza desde la primera práctica de fútbol. Me puso de tres y yo sabía que mi misión era responderle a él y mis compañeros con mucho sacrificio. Además, tuvo mucho que ver que ya me habían conocido mis compañeros y por eso el equipo también comenzó a jugar bastante por mi costado. Bauza nunca me dijo nada en especial, pero es alguien que tiene las cosas muy claras y es simple para transmitirlas.

-Los dos goles ante el Bolívar, en la semis de ida, también parecieron sacados de un sueño.

-Sí (sonríe). Lo bueno es que sirvieron para sacar una ventaja importante que nos facilitara la revancha en la altura de La Paz. La verdad que al equipo le salió todo esa noche y por eso jugamos en Bolivia con otra tranquilidad.

-¿Cómo te sentiste en la revancha jugando por primera vez en tu vida a más de 3.000 metros de altura?

-Durante el partido casi no lo sentí. Lo hablamos mucho en la previa de no correr por correr y el equipo lo entendió. Recién después de cenar esa noche me agarró un cansancio tremendo como si hubiera jugado tres partidos seguidos.

-¿Es cierto que utilizaron Viagra para contrarrestar los efectos de la altura?

-No. Eso es algo que tiraron algunos medios y se fue multiplicando. Sí tomamos algunas pastillas de aminoácidos o vitaminas que sirven para recuperarte más rápido. Incluso, algunos jugadores tuvieron que recibir oxígeno con la mascarilla.

-¿Qué te parece que los dos peores equipos de la fase de grupos (San Lorenzo culminó 15to y Nacional de Paraguay 16to) sean los finalistas?

-Quiere decir que fuimos los mejores de los play off y por eso estamos en la final. No importa mucho cómo clasificamos en la fase de grupos, que lo hicimos con lo justo y en el último minuto, porque mano a mano la historia es otra. El plantel hizo el clic después de ganarle a Botafogo y pasar a octavos.

-Hoy es todo muy lindo para vos, pero ¿cuál fue tu pensamiento luego del penal sobre la hora que te cobraron en Ecuador ante Independiente del Valle, que los dejaba casi afuera de la Copa?

-Me dio mucha bronca porque no merecíamos ese final. En lo personal, siempre trato de mirar para adelante y aprender de los errores que puedo cometer. No bajé los brazos y me apoyé en la confianza de mis compañeros. Sabía que la historia iba a cambiar.