En una barriada donde sobra pasión y a veces falta de todo, el corazón parece tener dueño. En la Villa Obrera, donde día tras día, hay que redoblar el esfuerzo para disimular lo que falta, llegar a los 76 años que festejó ayer no es poca cosa. Dicen que nació del lado Sur de la Rastreador Calívar, lejos de donde hoy está su estadio. Que apellidos como los de Montenegro, Montaña, Carrizo, Gordillo, Mallea, Suárez decidieron adoptar los colores rojo y azul por su amor por San Lorenzo y que las mujeres de la Villa no se le quedaron atrás. Así, Martha Vera, Juana Carbajal, la mamá de Omar López Abaca, le pusieron el hombro y todo su sacrificio para que la villa tuviera su club. Y así fue. Pasaron muchos años. Desde aquellas ripieras que estaban donde hoy están las tribunas del Este, hasta el primer ascenso a Primera A obtenido hace 28 años atrás en un equipo que dirigía don Víctor Meglioli y en el que jugaban Santos Gaitan y varios nombres más. Todo a pulmón. Por amor a la camiseta. Por amor a la Villa. Llegó el histórico año 2000 donde dirigidos por Beto Gómez, la Villa copó Apertura y Oficial en Primera de San Juan hasta llegar a lo más alto de su historial: el ascenso al Argentino A. Todo a puro corazón. Bien al estilo de la Villa.
