Pasó la línea de meta levantó los brazos y miró hacía el costado para cerciorarse que ganaba la etapa. Luego se sacó la bronca acumulada del día anterior con un grito que le salió de sus entrañas. El barrealino Ricardo Escuela (Municipalidad de Pocito), logró con esos diez segundos de bonificación, a los que sumó los tres de la última meta volante, arrebatarle la malla de líder a Nicolás Naranjo (Municipalidad de Rawson).
El ingreso al velódromo del grupo para el embalaje masivo tuvo los mismos cuadros de película que en la primera etapa. Escuela entro de cabeza y Naranjo detrás, en el peralte Norte, cuando restaban 150 metros para la meta, todo indicaba que el ciclista de La Bebida arremetería en la recta, pero en esta ocasión no ocurrió. Un poco porque Escuela no aflojó y otro porque, luego lo contó, Naranjo sufrió la pinchadura de uno de sus tubos en ese momento. Lo cierto es que de bonificar, para mantener su malla líder, El Nico, se quedó con las manos vacías porque lo superaron Diego Tivani (Forjar Salud) y Héctor Lucero (Agrupación Virgen de Fátima), quienes se repartieron los 6 y 4 segundos de premio por completar el podio.
La tercera etapa de la Vuelta se disputó dentro de un ámbito de gran tranquilidad. Dio la sensación que todos, o la gran mayoría, porque Oscar Villalobo y Cristian Romero protagonizaron una fuga, cuidaban las piernas para lo que será hoy la ida a San Expedito (pasando la Cuesta de las Vacas) y mañana el viaje a los 2672 metros sobre el nivel del mar del Colorado.
Aunque nublada, la tarde, por el calor húmedo se hizo algo pesada. Hasta la mitad de su trayecto la carrera se desarrolló en un ritmo soporífero, con un par de rodadas como alternativas más trascendentes. Fue hasta que en Las Casuarinas, distrito de 25 de Mayo, Oscar Villalobo (Full Time- Moisés Lara) redondeó la multiplicación y se mandó a mudar. Verlo al Hijo del viento devorar kilómetros en soledad acaparando todas las cámaras de filmación, arrobándose la exclusividad de las fotografías y haciendo suyos todos los relatos radiales, fue un espectáculo aparte, porque la gente lo quiere y ese cariño se lo trasmite en el aplauso y en el aliento que lo empujó, primero sólo y desde Caucete acompañado por Romero, hasta pisar la Avenida de Circunvalación, donde los tres minutos y pico que llevaba de ventaja se hicieron humo siendo fagocitados por el pelotón.
Con una meta volante por disputar (debajo del puente de Avenida Rawson) y las bonificaciones del final, se dio lugar a otra carrera. Esa que ganaron los municipales pocitanos, con un Escuela que esta vez terminó bien los deberes y recibió no sólo el “10 felicitado”, sino también la malla de líder de la Vuelta.

