No existe la pareja perfecta. No hay fama, títulos, millones de dólares que sean capaces de unir dos exitosos para siempre. Pasó en todos los aspectos de la vida y el fútbol no es la excepción. Los geniales Jhon Lennon y Paul McCartney con The Beatles son un claro ejemplo de esto. Es que siempre, tarde o temprano, surgen, como mínimo, rispideces. Diferencias. Pero el tiempo pone las cosas en su lugar. Lionel Messi y Pep Guardiola demostraron ayer en la previa del primer cruce entre ambos (15.45 por ESPN) cómo está la relación en la actualidad o cómo será para siempre. Mientras que el técnico multicampeón con el Barcelona y el Bayern Munich se deshizo en elogios, el rosarino reveló que sólo habló con el entrenador que lo potenció como ninguno otro solamente una vez en tres años. Demasiado poco. Fueron cuatro años de convivencia, de "parir" juntos a uno de los tres mejores equipos de la historia. De quedar mareados con las 14 vueltas olímpicas que compartieron. De darle (el DT) casi todos los gustos a su estrella (Messi) con tal de mantenerlo como "aliado", dentro de un vestuario repleto de celebridades.

"No hay sistema defensivo que pueda frenar a Messi: ni aunque se pongan nueve defensores", lo elogió Pep en la sala del Camp Nou. Rosas para los oídos de un Lio que horas antes había dejado en claro cómo vive su relación con el entrenador: "Desde que se fue (mayo del 2012) nos cruzamos una vez en una gala de FIFA. Aparte de eso, no tuvimos más relación. Pero tuvimos una relación muy buena cuando estuvimos acá", aseveró Messi, quien desde que tuvo a Guardiola como DT anotó 363 goles en 365 partidos. Previamente la estadística eran magros 42 gritos en 110 juegos.

Está claro que los dos no ven la relación, a la distancia, de la misma forma. El camino comenzó siendo un paraíso entre ambos, pero no concluyó igual. Apenas asumió Pep en el equipo principal del Barcelona (venía de dirigir una campaña en la filial) tomó una decisión poco agradable para la dirigencia y los hinchas, pero que le valió el primer guiño de ese pichón de crack llamado Messi: lo autorizó a jugar con la Selección argentina los Juegos Olímpicos de "Beijing 2008", donde el zurdo se colgó la medalla dorada en el pecho. Para demostrarle que, al menos hasta ese momento, él ponía las reglas, Guardiola le colocó a Lio un preparador físico, Juanjo Brau, y le impuso un cambio drástico en la alimentación: afuera las pizzas (la comida preferida del cuatro veces ganador del Balón de oro) y adentro el pescado. Estaba naciendo el Barcelona del toque y la rotación. Del auténtico "jogo bonito". El 1 de mayo del 2009, en la previa al clásico ante el Real Madrid en el Bernabeu que definiría la Liga para los catalanes, Guardiola llamó a Messi a las diez de la noche y le dijo algo que sería vital en los siguientes cuatro años: "Leo, soy Pep, tengo algo importante, muy importante. Ven. Ahora. Ya", le pidió. Messi lo hizo y un día después el mundo veía cómo el astro "jugaba de falso 9" por primera vez. ¿El resultado? 6-2 del Barca y dos goles de Lio, el primero a los 10′ y tal cual lo pensó Guardiola. Pero La Pulga, pese a su cara de póker constante, también quería demostrar quién era el líder. Según contó el entrenador, Hans Becke, quien dirigió a Thierry Henry en la liga norteamericana en el 2011 (dos años antes el francés jugaba en el Barcelona), Messi no dudó en desobedecer una orden de Guardiola frente a todo el plantel. "Lio no tomés Coca Cola antes del partido", le espetó el DT cuando el argentino estaba por hacerlo, a lo que según Becke, Messi hizo caso omiso y se bebió la lata por completo. Guardiola no dijo nada ante semejante desplante.

La posición de "falso 9" de Lio provocó que una estrella que había llegado al Barcelona, como el sueco Zlatan Ibrahimovic, se superpusiera con el zurdo. Fue tal la bronca de Messi que en la previa a un encuentro su mensaje de texto resultó el principio del fin de la estadía de "Ibra" en Barcelona: "Bueno, veo que ya no soy importante para el equipo, así que…", le envió al técnico en setiembre del 2009, y que le dejó bien claro a Pep que era "Messi o Ibrahimovic". Está claro cuál fue su elección y por qué el sueco afirmó dos años después en una entrevista con la CNN que "estaba todo bien, hasta que (Messi) empezó a quejarse".

Pese a que Guardiola se marchó del Barcelona en mayo del 2012 y Messi cuando salió en aquel último partido ante el Bilbao le dio un abrazo, la relación entre ambos comenzó a quebrarse casi un año antes. Lionel volvía de una gira con la Selección argentina y Pep lo dejó en el banco de suplentes, sin consultarle al jugador. Algo habitual en la potestad de un entrenador, aunque para Messi no es tan así. Basta con recordar su fastidio cuando Luis Enrique, actual DT de los cules, cuando lo sentó en el banco en el primer partido del 2015 y encima el equipo perdió. Esa suplencia por decisión unilateral de Guardiola a Messi no le gustó nada y al otro día faltó acusando "gastroenteritis". Cuentan los del entorno de Guardiola que el DT pronunció una frase lapidaria y definitiva a futuro: "Hemos creado un monstruo incontrolable". Cierto o no, el 25 de mayo de 2012 llegaba al final una dupla difícil de igualar. Guardiola dejaba el Barcelona aduciendo cansancio físico y mental, en la búsqueda de otros desafíos, como encontró en el Bayer Munich al iniciar el 2013.

Hoy se volverán a ver dentro de una cancha. Habrá saludo. Aplausos para el genial entrenador y la sensación que será muy difícil que vuelvan a compartir un mismo vestuario. Al menos eso dejó entrever Messi ayer…