Hasta la última pelota del partido hubo que esperar para la celebración por el objetivo cumplido. Es que con el 81-79 a favor de Argentina, el alero puertorriqueño, Barea, tiró un triple que en caso de haber entrado, hubiera mandado a la Generación Dorada a un repechaje en Europa para buscar el pasaje a los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Pero el rebote en el aro le dio paso al alivio generalizado en un Polideportivo de Mar del Plata con el corazón en la boca. Es que la semifinal que permitió que los dirigidos por Julio Lamas accediera a los Juegos del próximo año resultó un cuasi parto. Parecía historia cerrada a su favor después de un tercer cuarto extraordinario, con Manu Ginóbili de estandarte marcando nada menos que cinco triples en ese periodo, pero los boricuas vendieron muy cara la derrota. El cuarto final tuvo casi siempre a nuestra selección arriba en el marcador, pero con la incertidumbre de un resultado siempre abierto para cualquiera de los dos.

El oficio, la calidad de sus jugadores y el destino, fueron la conjunción exacta para llegar al torneo esperado por todos. Por eso las lágrimas en algunos jugadores consagrados como Oberto, Scola, Ginóbili, entre otros.

Hoy, desde las 21 horas, llegará el momento de la final esperada ante Brasil, que sacó su boleto a primer turno al superar 83-76 a Dominicana. Será el momento perfecto para tomarse revancha del golpe en la segunda rueda, aunque está claro que para superar a Magnano y sus muchachos habrá que mejorar bastante.