Pudo haber sido el año soñado por el mundo Boca, pero no lo será. Es que a la final perdida por la Copa Libertadores ante el Corinthians, con el alejamiento posterior de Román Riquelme, se le sumó anoche otra desilusión este año en partidos que valen una corona (también en el semestre pasado el club de la Ribera perdió en la recta decisiva el torneo Clausura).

Es que en la primera edición de la Supercopa Argentina, disputada anoche en el estadio Bicentenario de Catamarca, el Xeneize se quedó sin nada frente a un Arsenal que, merced a las atajadas de su arquero, Cristian Campestrini, se llevó el título en la definición por penales 4 a 3. Durante los 90’ del encuentro (0-0), el conjunto de Julio Falcioni siguió mostrando su pésimo juego colectivo y no lo perdió antes por la fortuna que tuvo al recibir dos remates en los palos.
El primer tiempo de Boca fue pobrísimo porque tuvo problemas en todas sus líneas y especialmente en su sector izquierdo quien les generó mayor preocupación fue el dinámico Carbonero.

El volante cafetero estrelló dos veces la pelota en los parantes y en ambas ocasiones el arquero Ustari ya no podía hacer nada. La primera chance el ex Estudiantes la tuvo en el minuto 7 y en esa escena disparó con potencia desde el borde del área grande y el balón pegó en el poste izquierdo. En la segunda oportunidad, a los 26, Carbonero cabeceó y el esférico dio en la parte superior del palo derecho. A los 28 los de Sarandí volvieron a llegar con peligro, pero la chilena de Canales tuvo un destino desviado. A Boca, que le costó defenderse, tomar la pelota y arribar hasta la posición de Campestrini, en el minuto 31 al menos dispuso de una escapada de Paredes, a quien lo sujetaron cuando intentó ingresar a la zona de riesgo y se tiró dentro del área. Esa acción generó dudas, pero no para el árbitro Pablo Lunati, quien desestimó que al juvenil armador le hubieran cometido penal.

En la segunda parte de la final, que se vivió ante una multitud, Boca se adelantó en el terreno y mejoró con los ingresos de Cristian Erbes y Colazo, pero el juego se tornó más equilibrado. No consiguió Boca en ese episodio mostrar una superioridad como la que expuso el conjunto de Sarandí en la primera mitad. La ocasión más neta para los de la ribera se observó en el minuto 31, cuando Silva prevaleció de espalda al arco y habilitó la corrida de Lautaro Acosta, pero el delantero definió mal y atajó Campestrini. En definitiva, la justicia en Catamarca se demoró, pero llegó desde las manos de Campestrini en los penales.