Sudáfrica, 2 de junio.- Pocos argumentos sólidos había demostrado Brasil en el primer tiempo del amistoso internacional ante Zimbabwe, un débil rival –ubicado en el puesto 110 del ranking de la FIFA- y hasta debió sufrir más de un inesperado sofocón contra su arco para despertar.
Pese a que dominaba el balón, exhibía imprecisiones en sus jugadores y no podía sacar ventajas en el marcador. Inclusive, la primera chance clara del encuentro estuvo en los pies de los locales, cuando a los 19 minutos Karuru quedó en clara pocisión de gol, pero no supo definirla correctamente. Enicma, a los 22 minutos, el arquero Julio Cesar chocó con Benjani y debió salir, lesionado, del campo de juego.
Pero la jerarquía de los brasileños siempre está latente y apareció a los 40 minutos, por intermedio del lateral Michael Bastos, quien ejecutó con gran precisión y potencia un tiro libre desde la derecha y clavó la pelota en el ángulo del arco.
Apenas dos minutos más tarde, Robinho amplió el marcador y le devolvió la tranquilidad al equipo de Dunga, que había sufrido más de lo esperado ante un equipo de escaso vuelo.
Con la ventaja en el marcador, el segundo tiempo fue un mero trámite para los brasileños, que rápidamente consiguieron marcar el tercer tanto, cuando a los 10 minutos combinaron en buena accción colectiva los recién ingresados Julio Baptista y Dani Alves, éste envió un centro bajo al medio del área y Elano sólo tuvo que empujar el balón para convertir.
A diferencia de la etapa inicial, el equipo de Dunga tuvo precisión en el traslado del juego y se dedicó a cuidar la pelota. La gran cantidad de cambios fraccionaron demasiado el desarrollo del complemento, en el que Brasil cerró el encuentro con tranquilidad y manteniendo su arco en cero. Nada despreciable a pocos días de su debut en el campeonato mundial de Sudáfrica.

