Dicen que del ridículo y de la vergüenza, nunca nadie vuelve… Y en Villa Obrera, ese desafortunado paso que decidió la dirigencia de censurar a DIARIO DE CUYO impidiendo el ingreso a la cobertura periodística del partido que jugó contra Atlético Alianza por la fecha 18 del Torneo Federal B parece haberlo puesto en esa vereda de la que nadie regresa. Sin que oficial ni formalmente ningún dirigente de primera o segunda línea del club chimbero notificara las razones de esa decisión que les asiste como club, insólitamente los controles de acceso fueron los que impidieron que el equipo periodístico de este diario entrara minutos antes de las 16,30. Ante el necesario pedido de explicaciones que realizamos, los controles se limitaron a decir que sólo cumplían órdenes. Empezó así el obligado cruce de llamados y mensajes telefónicos con allegados y dirigentes de Villa Obrera. El tesorero de la Liga, Raúl Giménez admitió no estar al tanto de esa decisión y remarcó que está totalmente en desacuerdo con una medida así, remarcando que no es dirigente activo en la Villa. El presidente del club, Víctor Meglioli, quien no habría estado al tanto de la decisión, tendría decidido renunciar al cargo tras los sucesos que se produjeron.

El vicepresidente del club, Rubén Gordillo, quien es el que toma las decisiones de peso en la institución, nunca atendió a la requisitoria telefónica de DIARIO DE CUYO, cuando por declaraciones radiales al único medio que dejó ingresar remarcó que la decisión de censurar a los medios era suya. Nunca atendió a los innumerables llamados, cerrando una posición que no tiene justificación alguna.

En lo deportivo, Villa Obrera mantiene sus chances de clasificación intactas y en la cobertura periodística de sus encuentros nunca hubo un cortocircuito o malentendido que tensionara las relaciones con su dirigencia. No se entiende ni se admite de ninguna manera la actitud que tomaron. Es un derecho que les asiste como institución pero el costo social y periodístico de esta medida es grande.

Los que decidieron una cosa de tal magnitud tendrían que haber asumido personal y formalmente las razones y los motivos. Eso nunca pasó y en tiempos de democracia absoluta, la censura a la prensa quedó definitivamente sepultada por más que no se den los resultados deportivos. Si al final, sólo es fútbol.