Es otro de los corredores en los que se da el hecho de que el apodo le ganó al nombre. Mauricio Pérez, el “Chespirito” para todo el mundo fue ayer uno de los que más se brindó por el espectáculo. Aún lejos de su mejor condición física, el experimentado pedalero forjado en el barrio Capitán Lazo, apretó los dientes y como se dice en el ambiente, le puso el pecho a las mariposas. Entre medio tuvo tiempo para compartir una charla con el campeón olímpico Walter Pérez y dar una mano siempre a sus compañeros que lo necesitaban.