Carlos Gallardo habita desde hace 20 años en el pedemonte de los cerros pocitanos. De oficio minero, explota una cantera de piedra caliza que surte de material para hacer pasta de papel a empresas que mandan sus camiones desde Misiones. "Mañana (por hoy) van a llegar un par de camiones que llevarán su carga hasta Puerto Piray", contó quien maneja la excavadora con la que le sacan lonjas al cerro.

Ayer, por un momento se olvidó de sus tareas y se acercó hasta la huella por donde pasaban los bikers. Los aplaudió y empujó con su aliento para que llegaran hasta el declive, luego de una extensa subida que minaba sus fuerzas.

El esqueleto de un carretón que alguna vez tiraron tres caballos, una herrumbrada y enorme caja de cambios de lo que alguna vez fue una máquina vial y restos de viejos camiones conforman el panorama en el medio de la nada, desde donde este hombre goza del privilegio de tener una visión panorámica de todo el Valle del Tulum. "Mire, allí está el Villicum, de noche se nota que están llegando con los barrios hasta muy cerca", agregó mientras aplaudía a otro ciclistas que pasaba por el frente de su vivienda.